El oficio ciudadano
Publicada el Jue, Oct 24, 2019

Por Javier Brown César.

La ciudadanía es un logro evolutivo y una conquista civilizatoria fundamental. La persona humana es por naturaleza un ser sociable, formamos comunidades para desarrollarnos plenamente y nos vinculamos solidariamente en la tarea compartida de atender y resolver los problemas comunes. La calidad ciudadana nace propiamente en la Atenas democrática, cuna de importantes instituciones como el Ágora, espacio privilegiado para el debate público y la vigencia plena de las leyes.

El gran estadista Pericles, en la famosa oración fúnebre transcrita por Tucídides, se expresaba con orgullo acerca de un régimen político que no imitaba las leyes de otros pueblos y que se presentaba como un modelo a seguir, ya que el gobierno no dependía de unos pocos sino de la mayoría. En lo relativo a los asuntos privados “la igualdad, conforme a nuestras leyes, alcanza a todo el mundo, mientras que en la elección de los cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza cada ciudadano en su actividad”.

El mundo griego veía con especial preocupación el creciente poderío del rey persa, cuyo vasto imperio tenía que administrarse a través de satrapías. La relación con el rey era de total sometimiento, éste podía disponer libremente de la vida y la hacienda de las personas, podía inclusive quitarle la vida a quien él deseara. En contraparte, en la Atenas democrática los ciudadanos eran libres, aunque dicha condición se reservaba a los varones.

Fue Aristóteles, crítico importante de su maestro Platón, quien defendió una concepción flexible y participativa de la ciudadanía. Mientras que Platón proponía la existencia de tres grandes clases sociales, la de los artesanos y comerciantes, la de los guerreros y la de los reyes filósofos, Aristóteles promovía una noción de ciudadanía abierta. Para el creador de la lógica y de la metafísica, la ciudad se definía por una multitud de ciudadanos, por lo que la base para el análisis de las ciudades era la calidad ciudadana, a la que definía como la capacidad de participar en las funciones judiciales y en el gobierno.

Cabe señalar que esta idea de ciudadanía como capacidad de participar era propia de las democracias ya que, para Aristóteles, la virtud de la ciudadanía se definía por el régimen. Así, en un sistema totalitario contemporáneo, se exige de la ciudadanía aquiescencia, sometimiento, repetición de una ideología y de una historia oficiales, y renuncia a la libertad de pensar y expresarse libremente.

Es en las democracias donde la calidad ciudadana es determinante desde el punto de vista ético, ya que una democracia sólo se conserva si hay una ciudadanía democrática, abierta, plural, incluyente, participativa, colaborativa abierta al diálogo y dispuesta a resolver en común los problemas comunes.

Fue a raíz de la Revolución Francesa que surgió con fuerza la idea de que hay una igualdad esencial que es característica de todas las personas, así, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano postulaba tajantemente que: “Los Representantes del Pueblo Francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del Hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los Gobiernos… han resuelto exponer, en una Declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del Hombre”. La democracia, los derechos humanos y la ciudadanía conforman una tríada virtuosa en los sistemas políticos contemporáneos.

Para Jürgen Habermas el modelo republicano es el que mejor expresa el ideal de una ciudadanía actuante, en él: “el status de los ciudadanos no se determina por el modelo de las libertades negativas que pueden reclamar como personas privadas. Más bien, los derechos cívicos, principalmente los derechos de participación y comunicación, son libertades positivas. No garantizan la libertad de coacción externa, sino la participación en una práctica común sólo a través de cuyo ejercicio los ciudadanos pueden llegar a ser aquello que ellos mismos desean ser: sujetos políticamente responsables de una comunidad de personas libres e iguales”.

El PAN nació promoviendo un sistema democrático, en el que la voz y el voto de cada persona valga por igual, en el que todas y todos cuenten cuando se toman decisiones que vinculan a una colectividad. Para Adolfo Christlieb Ibarrola los derechos políticos, que son los que ejerce la ciudadanía, son un pilar del sistema democrático; estos derechos “son aquellos que los ciudadanos de un país tienen para intervenir en el gobierno de la comunidad política de que forman parte”. Además, “se reconocen cuando el ciudadano puede libremente intervenir en el proceso de integración del gobierno que lo rige; cuando puede tener posibilidad libre y real de llegar a formar parte integrante del gobierno y puede, además, como miembro de la comunidad ciudadana, ejercer la libertad de crítica, para señalar a quienes ocupan el poder, no sólo sus faltas y sus errores, sino las divergencias de opinión que existen entre quienes son gobernados y quienes llevan sobre sus hombros la responsabilidad del gobierno”.

Don Adolfo atribuye a la política la alta función de “mantener o establecer un orden fundamental en la sociedad”. La política no es una actividad reservada a los políticos, es una tarea común que “debe ser realizada por todos los miembros de la comunidad, gobernantes y gobernados, en sus respectivos campos de acción. Corresponde a los gobernados en esta materia una grave responsabilidad. En un régimen democrático el ciudadano debe intervenir en la vida pública de manera consciente, con el fin de cooperar en la política, esto es, en el gobierno de su país”.

Las esferas de intervención de la vida pública son: el voto “con el fin de señalar quienes deben integrar los órganos principales de gobierno”; ser parte de la opinión pública “que puede ayudar o censurar los actos de gobierno, en cuanto representen realizaciones o desviaciones con respecto a los fines fundamentales del hombre y de la sociedad”; poner al servicio de la comunidad sus capacidades “con objeto de cooperar a la consecución del bien común”; y en la lucha “a diario por el mantenimiento de los derechos y libertades humanas”. Para Christlieb la participación ciudadana no es una opción en un sistema democrático, es la raíz misma de la que se nutre, de ahí que “Cuando los pueblos se desinteresan de la política, abandonan su derecho a la democracia”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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