El momento del municipio
Publicada el Mie, Sep 30, 2020

Por Javier Brown César.

La grandeza de toda nación federal se finca en la fortaleza de sus municipios. Manuel Gómez Morin sabía esto con gran claridad cuando escribió: “El progreso, la educación y la transformación política de nuestro país dependen de organizar la nueva comunidad a base del Estado municipal”.

El fundador de Acción Nacional fue un férreo defensor de la institución del municipio, en 1921 siendo un joven abogado y funcionario en la Secretaría de Hacienda prologó el libro El desastre municipal en la república mexicana de M. C. Rolland. Ahí hablaba de la necesidad de un gobierno “en manos de los vecinos de la Ciudad y para beneficio de los propios vecinos”. Señalaba además la importancia de desarrollar una reglamentación “que pueda impedir las inmoralidades de los políticos de los Ayuntamientos y que devuelva a los vecinos de la Ciudad la dirección de los negocios de la Ciudad”.

Notable fue en su momento la propuesta de crear mecanismos de democracia directa en el ámbito municipal como fundamento de la “República organizada sobre la base de Municipios Autónomos administrados directamente mediante los sistemas modernos que caracterizan al Gobierno por comisión y mediante la ejecución de la iniciativa, de la recusación y del referendum, que mantienen constantemente en manos de los vecinos, la gestión de sus propios negocios, la resolución de sus propios problemas, la satisfacción de sus propias necesidades”.

El pensamiento municipalista de Gómez Morin tomaría cuerpo en los Principios de Doctrina de 1939, en los que se establece que: “La base de la estructuración política nacional ha de ser el Gobierno de la Ciudad, del Municipio”. Y se adicionaba que: “El gobierno municipal ha de ser autónomo, responsable, permanentemente sujeto a la voluntad de los gobernados y a su vigilancia, y celosamente apartado de toda función o actividad que no sea la del municipio mismo”.

Los fundadores del PAN fueron fieles a la rica veta municipalista, así como asiduos defensores de la importancia del municipio como base de la organización del Estado. Para Efraín González Luna la recuperación de la nación se basa en la vitalidad de la dinámica municipal: “El verdadero renacimiento municipal está por hacerse. Si no se emprende pronta y eficazmente, se compromete sin remedio todo esfuerzo de salvación nacional. El municipio es el cimiento y es la clave. Necesitamos restituirle la conciencia de su ser, de su dignidad, de su misión; libertarlo de la esclavitud política en que se olvida a sí mismo y se degrada; devolverle su ámbito propio y dejarlo surgir de sus ruinas, reconstruir su propia vida. Sólo así podrá ser unidad viva y sana de una patria fuerte”.

En el Programa Mínimo de Acción Política de 1940 se postuló que: “El principio de la autonomía municipal es básico para la vida de la nación; pero sólo puede ser eficaz cuando se asegure la participación real y adecuada de todos los miembros de la ciudad en su gobierno, para hacer que esa autonomía se exprese en cumplimiento verdadero de los fines municipales, y se complete y depure con la responsabilidad”.

La congruencia doctrinaria del Partido se plasmó con la segunda e histórica reforma propuesta por los primeros cuatro legisladores del PAN, el 23 de diciembre de 1946. Los objetivos de la reforma fueron: determinar las bases generales, positivas y negativas, que señalan la competencia propia del Municipio; establecer un régimen hacendario para asegurar la verdadera autonomía del Municipio, garantizándose la vigilancia de la comunidad municipal sobre el manejo de la hacienda del Municipio; y prever las seguridades mínimas y las instituciones mejores de la democracia como son el Consejo abierto la iniciativa, el referéndum y la revocación de mandato.

El primer gobierno municipal del PAN encabezado por Manuel Torres Serranía, en Michoacán, estableció un nuevo sistema de gobierno municipal congruente con los ideales municipalistas de Acción Nacional, a partir de un gobierno cercano a la gente, que mejorara los servicios públicos, rindiendo cuenta de cada peso gastado y dignificando la administración pública y los espacios públicos.

En la Convención Extraordinaria de 1947, ya con el primer gobierno municipal de Acción Nacional en funciones, Gómez Morin refrendó la indiscutible vocación municipalista de Acción Nacional: “Para el Partido, desde su nacimiento, el tema municipal ha sido básico… como medio, el mejor, más llano y más adecuado para la formación ciudadana; y como cumplimiento de un propósito superior que es el de fortalecer la pluralidad de comunidades naturales intermedias entre el hombre y el Estado, para adecuar verdaderamente la estructura jurídico-política de la nación a su estructura social genuina y para hacer posible, a la vez, la instauración de la autoridad en la amplitud de su carácter propio y la defensa eficaz de las libertades humanas esenciales frente al asalto repetido de las fuerzas que hipertrofian al Estado”.

Durante el siglo pasado, el centralismo siguió asfixiando a los municipios, a pesar de los avances para lograr un mejor sistema de coordinación fiscal. En este siglo, se realizaron importantes esfuerzos para revitalizar a nuestros municipios, pero la tentación centralista y la concentración del poder acabaron con la posibilidad de establecer un auténtico sistema federal que, a decir de la Proyección de Principios de Doctrina de 2002, debe ser solidario, subsidiario y basado en “la participación del Gobierno federal para que todas las entidades, en especial aquellas con mayor rezago social, se encuentren en condiciones de igualdad para garantizar el pleno bienestar de las personas”.

Hoy, a casi un siglo de que Gómez Morin prologara el libro de Rolland, la deuda con los municipios es considerable, ante la tentación de concentrar y centralizar el poder y ante la creencia de que los problemas de México los puede resolver una persona o un movimiento. Deberíamos saber ya, después de décadas de experimentos fallidos, que la construcción de la patria comienza en los municipios y que la autonomía, el desarrollo y la fortaleza municipales son la clave de la paz y la prosperidad nacionales.

La crisis mundial de los Estados nacionales nos obliga a voltear a los niveles subnacionales de gobierno, que es donde las cosas pasan o dejan de pasar. El tránsito de la gobernabilidad basada en gobiernos grandes a la gobernanza fundamentada en la construcción colectiva de soluciones es ineludible y en esta dinámica la clave es la institución municipal: hoy deberíamos saber que la grandeza de México será la de sus municipios.

 

Twitter: @JavierBrownC

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