El magisterio democrático de José Woldenberg
Publicada el Jue, Feb 22, 2018

Por Carlos Castillo.

El desprestigio de los actores políticos en el mundo democrático es un hecho innegable, complejo y peligroso, no nuevo en sus reclamos pero sí en sus formas de expresión, y tiene que ver, como en épocas pasadas, con un auge de la sociedad civil –organizada o no– que en esta ocasión cobra una visibilidad y ecos más sonoros a través de las redes sociales.

Sociedades más informadas, más demandantes, con necesidades nuevas y con mucha mayor información exigen a su clase política y, entre esta, a los partidos tradicionales, una mayor horizontalidad, más cercanía, preeminencia de temas entre los que la desigualdad, el medio ambiente, el reconocimiento y la inclusión de minorías, así como el pluralismo, por señalar algunos de los principales, se convierten en un reto para quienes ostentan el poder en esas instituciones.

En México este fenómeno también está presente y, como en otras naciones, se manifiesta de manera más latente en el abstencionismo de buena parte del electorado durante el día de los comicios. No obstante, y a diferencia de otras democracias, esta apatía por la política en lo general ocurre en un entorno que presenta dos características que agravan sus consecuencias.

La primera es la todavía débil solidez tanto de los partidos como de las instituciones que hacen posible a la democracia, que siguen sin poder garantizar de manera efectiva una cercanía que convierta el reclamo en cauce para la incorporación de nuevos actores, nuevos temas y nuevas inquietudes.

La segunda es la frágil y endeble cultura política de la mayor parte de la población, no sólo en lo que respecta al conocimiento del modo en que funcionan las cosas públicas sino, sobre todo, en la falta de incentivos para construir una sociedad civil mucho más vigorosa, que reúna a los habitantes para que, a partir de la posibilidad de participar en lo público, pasen del estado pasivo a ejercer una ciudadanía activa y responsable.

Una de las condiciones para solucionar esta falta de vida cívica pasa necesariamente por el conocimiento mismo del propio sistema político. Es decir, tener claridad respecto del funcionamiento de la democracia. Y es justo a este tema que José Woldenberg dedica su libro Cartas a una joven desencantada con la democracia (Sexto Piso, 2017), como parte de un trabajo que ha desarrollado desde hace unos años en otros libros y artículos, y que puede nombrarse como un magisterio para ayudar a solucionar esta grave carencia de nuestra sociedad.

La interlocutora del autor es, en efecto, una joven que de manera implícita manifiesta su apatía por nuestro sistema político, su desprecio por sus actores y su indiferencia por las cosas públicas, a quien Woldenberg responde con 17 cartas que son, en conjunto, un pequeño curso de una probable materia escolar que podría denominarse “Democracia mexicana”.

De manera simple pero centrada en los aspectos más trascendentes del sistema político, en valores primordiales como el pluralismo o la preponderancia de los derechos humanos, así como en los retos de las instituciones y la urgencia de una sociedad civil que deje de asumirse como un rival de las fuerzas políticas, el también profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México hace un repaso por la historia de nuestra democracia durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI, en particular a partir de 1997, cuando la pérdida de la mayoría por parte del PRI en la Cámara de Diputados, fruto de una serie de reformas legales, pudo abrir la puerta a una competencia electoral que dio paso a la transición política en el país.

Ya sea por su lenguaje coloquial, por la claridad de exposición o por la capacidad de síntesis, el recorrido que se presenta es ameno, profundo y, cuando las circunstancias lo requieren, preciso al señalar no sólo las características de lo político, de lo público, sino también al advertir sobre los enormes riesgos que entraña el alejamiento y vaciamiento de ciudadanía de las cosas que nos conciernen a todos; asimismo, va acompañado de ideas y conceptos extraídos de la obra de diversos teóricos que hacen de estas Cartas una puerta abierta a nuevos caminos que permiten ahondar en aquellos temas que al lector puedan interesar.

Destaca, en ese sentido, la enumeración lograda a partir de una lectura crítica de Rebelión en la granja, de George Orwell, y que enlista los pasos que se dan para llegar de la democracia a la dictadura, capítulo que sin duda merece una lectura detenida en un momento complejo para la historia de la democracia y el desarrollo de las instituciones mexicanas.

No hay desperdicio en este libro breve y ameno, de lectura indispensable sobre todo para una generación que tiene motivos para expresar su hartazgo y apatía, que ha renegado de lo público porque no encuentra ahí nada propio, que tiene pocos o nulos incentivos para salir del individualismo pero cuya ausencia de la vida pública debe revertirse porque es notoria la falta de esas ideas nuevas, creativas, capaces de sacudir y refrescar a nuestro sistema político, comenzando por los partidos.

 

Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común.

Twitter: @altanerias

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