El desorden en la vacunación
Publicada el Jue, Ene 28, 2021

 

 

Por Humberto Aguilar Coronado.

El Sistema Nacional de Vacunación mexicano puede considerarse una de las mayores fortalezas sanitarias y, como consecuencia, económicas, de nuestro país. Gracias a la evolución y consolidación de ese sistema, millones de mexicanos han podido disfrutar de una vida larga, saludable y plena, y el país ha logrado crecimientos sustanciales en todos los indicadores de salud.

Según el Dr. José Ignacio Santos, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, en los primeros años del siglo XIX la esperanza de vida en nuestro país era de 35 años y se sufría una altísima mortalidad infantil.

De entonces a la fecha, la vacunación ha cambiado radicalmente la vida de las personas. En México podemos presumir que hemos alcanzado importantes avances en relación con el bienestar de la niñez. Los indicadores internacionales diseñados para evaluar el estado de salud de la población infantil demuestran el impresionante éxito alcanzado en mortandad de menores de cinco años, éxito que está íntimamente relacionado con el sistema de vacunación universal que se ha construido en México.

La ruta que nuestro país ha transitado para consolidar su sistema de vacunación inició con un paso fundamental logrado con el Programa Nacional de Inmunización del año de 1973, con el que se inició la aplicación de cuatro vacunas fundamentales, a saber, la antipolio, la DTP o triple, que protege contra la difteria, los tétanos y la tosferina, y la antisarampión.

Para los inicios de la década de los 90, y gracias a la Encuesta Nacional de Cobertura de Vacunación (ENCOVA), se pudo demostrar que las coberturas presentaban graves rezagos, por lo que mediante decreto presidencial se creó el Consejo Nacional de Vacunación (CONAVA), que sería responsable de definir un solo esquema básico de vacunación para todo el país e involucrar en la gestión y operación de la vacunación a todas las instituciones del sector salud, gracias a lo cual la cobertura en vacunación alcanzó niveles superiores a las metas previstas y, hoy en día, México no conoce casos de poliomielitis ni de difteria.

Este esfuerzo nacional resultó altamente exitoso. El esquema de vacunación logró erradicar graves enfermedades que causaban altos porcentajes de mortalidad, con lo que se aumentó el número de años de esperanza de vida y se mejoró la salud de los mexicanos, evitando discapacidades asociadas con las enfermedades erradicadas.

Pero además, el sistema nacional de vacunación logró el consenso y la confianza ciudadana. Los mexicanos, que en muchos temas padecemos las deficiencias de nuestro sistema de salud, en materia de vacunas recibíamos un excelente servicio público y podíamos confiar, casi ciegamente, en la calidad sanitaria y médica de las vacunas administradas.

Ese modelo está colapsando en virtud de la combinación de dos realidades que, al coincidir en el tiempo, causan desequilibrios caóticos capaces de destruir instituciones, por más sólidas y arraigadas que éstas se encuentren. Estas realidades son la Pandemia y un Gobierno que está resultando ser el peor gestor administrativo  de la historia moderna.

Evidentemente, el gobierno puede intentar justificar sus incapacidades administrativas achacando todo a la gravedad de la pandemia. Fácilmente podríamos creer en este argumento e inclinarnos a justificar el desastre de mortandad que está dejando la COVID-19, si no fuera porque tenemos un ejemplo claro del desorden que fue evidente desde antes de la crisis sanitaria.

Después de que desde 1996 no se presentaban en nuestro país casos de sarampión y según un reporte del Instituto Nacional de Salud Pública, al 24 de marzo del 2020, se habían registrado por lo menos 69 casos de esa enfermedad.

¿Cómo explicar que antes de que se declarara la emergencia derivada de la pandemia fallara el esquema de vacunación que dio resultados exitosos desde hace tantos años? Es evidente que la explicación la encontraremos en la vocación del Gobierno federal de imponer un toque ideológico a todas las acciones de gobierno. Tenía que destruirse el sistema de salud si ese sistema tenía rasgos que lo identificaran con gobiernos anteriores. La decisión más criminal del gobierno de la República fue acabar con la medicina neoliberal, erradicar la influencia de la ciencia neoliberal, sea esto lo que sea.

Ante el embate gubernamental de acabar con todo lo que se construyó en otras administraciones, fuimos testigos de cómo se daño el sistema de suministro de medicamentos y cómo eso costó la vida de niños enfermos de cáncer. De la misma manera, a marzo de 2020, las decisiones en materia de salud del gobierno de la República impactaron la vida de personas que, en nuestro país, no debían padecer sarampión.

A ese desastroso gobierno le correspondió administrar el proceso de vacunación en contra del COVID-19. La herramienta fundamental para terminar con los estragos de esta pandemia está en manos del peor gestor posible.

Evidentemente, la primera decisión de este terrible administrador fue ideologizar y politizar el proceso.

Para este gobierno, las vacunas y su administración son la oportunidad de borrar todos los errores que se han cometido a lo largo de esta crisis; según ellos, la vacuna les permitirá desaparecer el duelo de los cientos de miles de muertos.

Por ello, han convertido la vacuna en bandera electoral. Es tan obvia la irresponsabilidad gubernamental que en los primeros días del proceso electoral que empieza en México, los mensajes en radio y televisión que emitió MORENA se sustentaron en el proceso de vacunación que iba a iniciar en México y se destinaron a prometer que se iba a vacunar a todos los mexicanos. Con absoluto descaro ideologizan, politizan y violan la Constitución montados sobre las vacunas.

Desde los primeros días del programa de vacunación hemos visto el desastre que nos espera. Varios Jueces de Distrito han dejado claro que el diseño del programa es inconstitucional, porque no responde a los criterios técnicos de la OMS sino a las ocurrencias políticas de López Obrador.

Hemos visto al presidente de la República mentir cínicamente para justificar el no arribo de las vacunas prometidas pretextando acuerdos con la Organización Mundial de la Salud. Que pena por México y por los mexicanos que pueden llegar a morir por no aplicarles la vacuna a tiempo.

 

Humberto Aguilar Coronado es Director General de la Fundación Rafael Preciado Hernández.

Twitter: @Tigre_Aguilar_C

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