El desafío catalán
Publicada el Jue, Sep 21, 2017

Por Miguel Ángel López Lozano.

Las pretensiones independentistas de Cataluña, al igual que las del País Vasco, ni son nuevas, ni son fruto del azar. La historia reciente de España ha estado sujeta a las tensiones independentistas que de una manera u otra han tratado de ser aplacadas por los gobiernos del PP y del PSOE, con medidas que a la luz del presente desafío, han resultado un fracaso. Hemos llegado a un punto de no retorno ante el que no caben medias tintas. Ya no se trata de cesiones minoritarias de poco calado, sino de un desafío en toda regla a la Unidad de España: el gobierno nacionalista catalán ha anunciado un referéndum secesionista para el próximo 1 de octubre, con la intención de proclamar acto seguido, la Republica independiente de Cataluña.

El nacionalismo catalán, al igual que la mayoría de ideologías del siglo XX, ha crecido en torno a una serie de mitos y mentiras que se han ido inculcando premeditadamente desde las etapas más tempranas de la escolarización. La principal de ellas, sobre la que versa el núcleo central de la narrativa secesionista, es el falso periodo independentista catalán, desmentido por diferentes historiadores, entre ellos por Javier Barraycoa, vicerrector de la Universidad Abat Oliba del CEU: “Cataluña nunca fue una realidad política independiente. De ser parte del Reino Godo, quedó integrada en el imperio Carolingio, para pasar a pertenecer a la Corona de Aragón en el siglo XII, con el tratado de Corbeil. Pau Claris¸ en 1640, proclamó a Cataluña como una República, pero sólo duró una semana, pues la entregó al rey de Francia. En febrero de 1873, Baldomero Lostau intentó proclamar una República Catalana dentro de la República Federal Española que fracasó de un modo lamentable. Los dos últimos dislates fueron los del coronel Macià que proclamó el 14 abril de 1931 la República Catalana, confusamente ligada a una unión de pueblos ibéricos, y que duró un par de días. Finalmente, el 6 de octubre de 1934, Companys proclamó otra efímera República dentro de una imaginaria República Federal Española que duró 10 horas”.

El nacionalismo catalán ha tratado de construir una historia romántica en torno a unos esbozos que nada han tenido que ver con la realidad, y que se asemejan a lo que les hubiera gustado que fuera pero que nunca fue. La realidad es tozuda, y por mucho que se pretenda reescribir la historia una y otra vez, bajo falsos héroes, falsos mitos, mediante partidas presupuestarias ingentes del erario público que tendrían que ir destinados a otros fines, siempre chocarán con la historia de una nación que ha sido un referente en occidente. Les puede gustar más o menos, pero la historia de España no tiene sentido sin Cataluña, y Cataluña no cobra su sentido sin España.

El nacionalismo ha tratado de violentar esta realidad mediante la tergiversación de la educación y la cultura, las herramientas más eficaces para transformar a la sociedad. Los independentistas han sabido tomar buena nota de estas herramientas para llevar a cabo la ideologización de las generaciones que actualmente conviven en Cataluña. Mientras el movimiento independentista vasco ha estado marcado por el terror de la organización terrorista ETA, el catalán avanzó silenciosamente abonando desde la infancia el odio hacia todo lo que representara el Estado español, encontrando como cooperadores necesarios a los gobiernos de PP y PSOE, debido a su inacción continuado ante las demandas de la sociedad civil. Aunque, haciendo honor a la justicia, hemos de decir que no se le puede achacar la misma responsabilidad a ambos partidos, puesto que debido a la fobia que siente la izquierda hacia el patriotismo español, en los gobiernos de izquierdas es donde se ha producido un avance más significativo en concesiones al nacionalismo.

Dentro de estas fatídicas concesiones, la tolerancia del PSOE ante el Estatuto catalán en el año 2006 supuso el principio del fin del Estado tal como fue diseñado en 1978. El nacionalismo entendió que se enfrentaba ante un Estado débil y fácil de torear. Desde ese momento, el mapa político catalán sufrió una rápida radicalización aumentando el peso de los partidos más radicales.

La respuesta del gobierno español es clara: “No se celebrará el referéndum independentista”, pero la falta de claridad a la hora de las medidas a tomar siembra de incertidumbre, entre los españoles, la verdadera respuesta de un gobierno que pretende por un lado ser fuerte y contundente, pero por otro, trata de hacer todo lo posible para no generar nuevos “mártires” que sirvan de caldo de cultivo para nuevos rebrotes independentistas.

Previsiblemente, a la luz de los últimos acontecimientos y bajo las indicaciones del nuevo monarca español, Felipe IV, la respuesta vendrá liderada por la justicia española. El Estado de Derecho prevalecerá frente a la sinrazón de unos pocos que tratan de dividir a una nación que se ha visto en situaciones peores.

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