Ejemplo de congruencia con los propósitos fundacionales
Publicada el Jue, Feb 22, 2018

Por Esperanza Morelos Borja.

Hablar de Guadalupe Mejía Guzmán es hablar de una panista de corazón. Su convicción la sustentaba en el inteligente análisis de la doctrina y en la congruencia de los propósitos fundacionales. Desde joven, en su natal Morelia, vivió en familia el compromiso con los ideales de Acción Nacional, particularmente sus tías María Ignacia Mejía Villa, María Luisa y Dolores Guzmán Guerrero, quienes le dieron ejemplo con su presencia y participación en labores sociales, en distribución de propaganda, en la colaboración en campañas electorales y en los mítines en la Cerrada de San Agustín.

En la lucha por el voto femenino, Lupita estuvo en las primeras horas del reconocimiento del derecho de las mujeres a emitir su voto y en todas las actividades de la Sección Femenina del Partido, y posteriormente en Promoción Política de la Mujer. Desde entonces participó con entusiasmo y entrega en el impulso de la participación de las mujeres en política.

Hablar de Lupita Mejía es hablar de alguien que conoció y se identificó con los fundadores, con su liderazgo e incansable lucha, y al mismo tiempo con su capacidad de amistad entrañable. Es hablar de una panista siempre generosa y con sentido del deber. En el Comité Distrital de Coyoacán fue eficiente colaboradora en las campañas electorales distritales de Felipe Calderón y Jesús Galván.

Fue diputada federal suplente en funciones en la LII Legislatura de la Cámara de Diputados al pedir licencia Fernando Estrada Sámano, diputado propietario.

En un periodo fungió como Consejera Nacional. Fue promotora e instructora en la resistencia/desobediencia no-violenta para que se rompiera el control gubernamental de los medios de comunicación y se respetara la voluntad ciudadana.

En 1986, Luis, su hermano, fue candidato a la gubernatura de Michoacán. Lupita se comprometió activamente en su campaña.

Cuando fui nombrada por Carlos Castillo como responsable de Formación y Capacitación en el Comité Ejecutivo Nacional, Lupita fue la más eficiente e institucional colaboradora; recorrimos juntas toda la República impartiendo doctrina, historia y organización del Partido, así como relaciones y desarrollo humano.

Pensar en Lupita Mejía es encontrarnos con una Química Industrial –fue mi profesora en la Escuela de Química Farmacobiología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo­, con una Maestría en Psicología. Es rememorar a una mujer preparada y capaz, firme y vehemente en sus convicciones, sin falsa intransigencia, ingeniosa y congruente.

A Lupita Mejía le dolía México, le hería la miseria y apatía del pueblo, le indignaba la corrupción y la falta de transparencia en la vida pública, lamentó y denunció los “apetitos personales” que se sobreponían al Bien Común. Lupita consideró que la formación de ciudadanía y el desarrollo de virtudes en los panistas era una obligación sagrada. Sostenía que el Partido Acción Nacional tenía que ser “distinto y distinguible” de los demás partidos y que sólo así sería posible el rescate de nuestro México; de ahí su entrega generosa y su permanente deseo de “mover las almas” para lograr el cambio personal y social.

Blanca Magrassi de Álvarez, María Elena Álvarez de Vicencio, Teresa Estrada Sámano, Luis y Tere Morfín, Carlos Castillo, Federico y Alberto Ling, y mucho más, fuimos beneficiados por la amistad, solidaridad, objetividad y apoyo de Lupita. Fui testigo de su lealtad y fraternidad con sus amigas, particularmente de sus viajes a Chihuahua para visitar su entrañable amiga Florentina Villalobos.

Fue pilar de su familia cuando muere su padre, acoge en su casa a su madre doña Tere y la cuida y acompaña hasta su muerte. Fue solidaria con sus hermanos y brindó entrañable cariño a sus sobrinos y sus sobrinos nietos, quienes le correspondieron ampliamente.

Recordar a Lupita es volver a vivir recorridos entrañables a hermosos lugares de la patria, que ella aprisionaba en sus recuerdos y trasmitía con profundo conocimiento y alegría; es tener presente su fortaleza ejemplar y su agradable compañía. Lupita es esa amiga y panista que no se puede olvidar.

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