Don Esteban
Publicada el Mie, Jun 19, 2019

Por Fernando Rodríguez Doval.

En sus ochenta años de historia el Partido Acción Nacional ha contado con comunicadores y cronistas que han difundido entre la sociedad mexicana las razones y los fundamentos de su lucha democrática y civilizatoria: Luis Calderón Vega, Carlos Septién, Alejandro Avilés o Gerardo Medina forjaron una tradición a la que también se adscribe Esteban Zamora Camacho, fallecido el pasado 22 de mayo.

Nacido en Angostura, Sinaloa, en 1935, Esteban Zamora estudió Derecho y Ciencias Sociales. Sin embargo, fue el periodismo lo que siempre lo movió, la auténtica vocación a la que consagró la mayoría de sus talentos, junto con la política. Empezó muy joven su carrera en el mundo de la comunicación, la cual lo llevó a ser, entre otras muchas responsabilidades, jefe de redacción de El Sol de Sinaloa, El Sol de San Luis Potosí, El Mundo de Tampico y El Diario de Culiacán, corresponsal de Excélsior en Sinaloa, fundador, reportero y editorialista en el Noroeste de Culiacán y colaborador de Notimex.

Don Esteban militó desde los 15 años en esa gran cantera de cuadros para la vida pública mexicana que fue la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, desde la cual su paso al partido fundado por Manuel Gómez Morin fue más que natural. En el PAN, Esteban Zamora Camacho lo fue todo: líder juvenil, jefe del Partido en Sinaloa, dos veces diputado federal, diputado local en Sinaloa, consejero nacional vitalicio… Fue él quien presentó a Carlos Castillo Peraza ante el Consejo Nacional el 6 de marzo de 1993 cuando buscó (y ganó) la Presidencia Nacional del Partido. En esos momentos, don Esteban era diputado federal, uno de los mejores oradores de aquella mítica bancada panista de la LV Legislatura, coordinada por Diego Fernández de Cevallos. Sus discursos, llenos de referencias históricas y literarias, ya forman parte de la leyenda legislativa blanquiazul.

Sabedor de que la política es, en buena medida, un ejercicio por convencer para luego vencer, don Esteban formó el grupo “Plumas Azules” a fin de agrupar y coordinar a todos los panistas que tuvieran alguna columna de opinión en la prensa escrita y reflexionar, desde el ámbito de la comunicación y el periodismo, acerca de lo que está ocurriendo en México y el mundo.

Permita el lector que lo distraiga con una vivencia personal. En 2009, yo era un joven veinteañero que aspiraba a representar en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal a los habitantes del Distrito XX, que comprendía parte de las delegaciones Álvaro Obregón y Benito Juárez. Necesitaba un suplente con la experiencia y la trayectoria que yo no tenía. Tuve la osadía de buscar a don Esteban para que me acompañara en la fórmula y él aceptó gustoso, con la única condición de que nunca se me ocurriera solicitar licencia. Hicimos una campaña alegre, llena de propuestas, en donde él cerraba los eventos con sus magníficas piezas oratorias. Después me acompañó con su sabiduría y sus consejos en la difícil e ingrata tarea del legislador.

El 10 de noviembre de 2010 don Esteban Zamora vio partir a su hijo Felipe, quien entonces se desempeñaba como Subsecretario en la Secretaría de Gobernación, encabezada por José Francisco Blake Mora. Ambos murieron tras desplomarse el helicóptero en el que viajaban rumbo a la ciudad de Cuernavaca. Esta tragedia marcó los últimos años de la vida de don Esteban, quien sin embargo siempre la aceptó con resignación cristiana y con un cierto orgullo de padre al ver que su hijo había muerto en el cumplimiento de su deber.

Los últimos años de don Esteban estuvieron marcados por cierta amargura por el rumbo que llevaba ese PAN por el que él tanto luchó. Sus intervenciones en el Consejo Nacional eran críticas; no soportaba que algunos oportunistas lucraran con unas siglas que para muchos de su generación habían significado sangre, sudor y lágrimas. Pero a pesar de eso jamás perdió la esperanza y nunca dejó de creer que su Partido era el instrumento adecuado para la construcción del bien común.

“La muerte no es el final” es el título de la canción con la que el ejército español honra a sus caídos en acción. Dirigiéndose al Señor de la historia, uno de sus párrafos dice:

“Cuando la pena nos alcanza

por un compañero perdido

cuando el adiós dolorido

busca en la fe su esperanza

en Tu palabra confiamos

con la certeza que Tú

ya le has devuelto la vida

ya le has llevado a la luz”.

El cielo ha acogido a don Esteban. Un auténtico guerrero incansable cuyo recuerdo nos inspirará siempre.

 

Fernando Rodríguez Doval es Secretario de Estudios y Análisis Estratégico del CEN del PAN.

Twitter: @ferdoval

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