Don Esteban Zamora, Gran Jefe Pluma Blanca
Publicada el Jue, May 23, 2019

Por Salvador I. Reding Vidaña.

Don Esteban Zamora, más que distinguido panista, fue uno ejemplar, y nos ha dejado, partió a la Casa del Padre. Una pérdida para el Partido, para el periodismo y para la sociedad. Y es que don Esteban se distinguió en muchos campos de la actividad humana, dejando una estela de experiencias para sus compañeros, amigos y nuevas generaciones que le conocieron, a través de su larga vida.

Un hombre combativo en favor de los grandes valores humanos, cristianos, panistas, supo ganarse el respeto y admiración de quienes se cruzaban en su camino, desde su juventud apostólica en la ACJM y de Acción Nacional hasta sus actividades recientes en el periodismo político dentro del PAN. No se puede decir esto de mucha gente.

De don Esteban se puede hacer notar su absoluta integridad, entre lo que pensaba, lo que decía y lo que actuaba. Apegado fielmente a la doctrina humanista de Acción Nacional, su vida profesional y política fue para promover, enseñar y defender los grandes valores que el Partido tiene como base doctrinal: la dignidad de la persona humana, el derecho primigenio a la vida, la familia y el matrimonio naturales; igualmente promovió la libertad del hombre y su derecho a decidir su propia vida, la democracia y el respeto al Estado de Derecho.

Hace unos años, a solicitud del entonces Presidente del PAN, inició un grupo de comunicadores panistas, convocándonos a algunos de sus amigos en labores de comunicación, que tomó el nombre de Consejo de Plumas Azules. Por su cabeza canosa, lo bauticé como “gran jefe pluma blanca”, entre los “plumas azules”. En este grupo aportó su experiencia y buen juicio, así como sus enseñanzas en cursos organizados para la militancia.

Con su espíritu norteño, sinaloense, fue muy claro en sus opiniones y críticas sobre la marcha del Partido, y fue un muy duro crítico de las presidencias de Gustavo Madero y Ricardo Anaya. En un cierto momento, declaró que estaba “levantado en armas” en sus críticas. Dejó entonces la coordinación de Plumas Azules quedando en su rol de fundador. Y a pesar de sus críticas, siempre fue bien respetado por los criticados.

Aún con su trato informal, sinaloense, inspiraba admiración, que hacía que muchos se refirieran y dirigieran a él como DON Esteban. Era de pensar y comunicar profundos, pero también dicharachero y de un humor simpático. En los últimos meses, estando enfermo, hizo falta en las reuniones de Consejo y de otros tipos, pues era de las personas cuya ausencia se hace más que notoria. “Y don Esteban ¿cómo está?”, era pregunta de muchos, todavía la víspera de su partida.

“Que en paz descanse don Esteban Zamora”, es el mejor deseo de todos. Y por su integridad cristiana, seguramente ya tiene su lugar en la Casa del Padre.

 

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