Democracia y oposición en Adolfo Christlieb Ibarrola
Publicada el Mie, Jun 19, 2019

Por Javier Brown César.

La democracia prospera gracias a la competencia entre partidos, al pluralismo de las opciones políticas, la oposición responsable, la opinión pública libre y la ciudadanía activa y actuante. Los monopolios políticos, las unanimidades arbitrarias, el silenciamiento de opositores y la persecución de los disidentes son contrarios a un sistema de vida democrático. Para que un régimen político pueda ser considerado democrático se requiere la existencia de un sistema de partidos competitivo, en el que la alternancia sea posible gracias a que no predomina de forma permanente una sola alternativa electoral.

Adolfo Christlieb Ibarrola, Presidente del PAN entre 1962 y 1968, consideraba que existen seis pilares de la democracia: la plena vigencia de los derechos humanos y políticos, la participación ciudadana eficaz, el acceso de los partidos a los medios de difusión, un sistema electoral que garantice la autenticidad del sufragio, la presencia de auténticos partidos de oposición y una esfera de opinión pública libre.

De acuerdo a Christlieb la oposición es consustancial a la democracia. “Un régimen democrático no puede vivir sin oposición, porque la lleva en su seno… Nada es más falso ni peligroso que esta visión que asigna como objetivo de los gobernantes el aplastamiento de la oposición y como objetivo de la oposición no la vigilancia y la sustitución legítima, sino el derrocamiento del gobierno”. Los sanos equilibrios de todo sistema democrático demandan la existencia de una oposición robusta, crítica, que no se limite a ser dique de contención ni alternativa contestataria. La oposición, más allá de un papel negativo, tiene un papel positivo de contraste y reflexión, de aportación al debate crítico, de señalamiento de las deficiencias, pero también de construcción de alternativas viables.

La oposición democrática a través de los partidos políticos agrupa a ciudadanos que “no comparten las tendencias políticas de un gobierno o consideran inadecuadas las medidas que el poder pone en práctica para la solución de los problemas”. La oposición es una organización cuya fuerza radica en la “posibilidad de formar cuadros básicos de gobierno que sustituyan a un partido en el poder”. La oposición además tiene una fuerza moral e intelectual positiva que “impide a los gobiernos la estrechez de miras a que los lleva fatalmente la dependencia de un solo partido político”. La negación de la legitimidad de la oposición es una de las causas del quiebre de las democracias: “Cuando un régimen se cierra al diálogo con los grupos de oposición, poco a poco se va perdiendo la confianza en las formas democráticas, los regímenes tienden a la autocracia, y se produce en los ciudadanos una infecunda deserción de la política, que representa una regresión indiscutible en la vida de los pueblos”.

Dos tareas principales de la oposición son realizar aportaciones programáticas y preparar a su militancia para ejercer funciones de gobierno, una vez que se dé la alternancia: “La oposición política ni puede ser un gobierno dentro de otro, ni arrogarse funciones de administración. Lo que la oposición debe realizar, es que sus dirigentes y partidarios tengan una preparación política y técnica que les permita, llegado el momento, sustituir a un régimen, es decir, hacer frente a las responsabilidades que corresponden desempeñar a las mayorías; se trata de que la oposición formule programas atractivos y realizables, que los haga llegar a la opinión pública para crear un ambiente de apoyo necesario para los mismos y a favor de los hombres que tendrán que realizarlos. Una oposición fuerte, con posibilidades de formar cuadros básicos de gobierno que sustituyan al partido en el poder, es garantía para la estabilidad política de la nación”.

La preparación de cuadros para el ejercicio del gobierno es una tarea permanente y una labor irrenunciable de la oposición, esta labor formativa se complementa con la capacidad para proponer opciones programáticas que planteen alternativas a las acciones del gobierno. Estos roles fundamentales de los partidos de oposición se articulan con una visión del gobierno que da cabida a las expresiones diversas, que las aprecia, valora y adopta, de ahí que la cerrazón es contraria a la posibilidad de ejercer un gobierno democrático auténtico, tolerante. La tolerancia “no existe cuando un régimen se hace impermeable a la diversidad de tendencias políticas y cuando considera que los partidos de oposición no se sustentan en la libertad de elección de los ciudadanos, sino que son siempre la expresión de intereses ajenos al bien de la comunidad”.

Los partidos de oposición tienen tres funciones principales: “la vigilancia y crítica de los actos de poder, la información a la opinión pública de los puntos de vista de quienes no comparten las tendencias o las aplicaciones prácticas de un gobierno, y la asociación de ciudadanos encaminada a lograr, por vía legal, la integración de los órganos básicos del gobierno”. Estas tareas, vitales, complementarias e irrenunciables, son parte fundamental del necesario control sobre las decisiones estatales y una garantía de que en sus actuaciones el gobierno observará un apego irrestricto a la ley como base del orden social bajo el imperio del poder del Estado. Si el Estado es incapaz de atender los principales problemas públicos se convierte en un mero extractor de rentas, en un triste aparato expoliador de la riqueza privada y en una instancia incapaz de transformar la realidad para logar la paz, la prosperidad y el desarrollo.

En toda democracia, la existencia de la oposición, su vigorosa intervención en el espacio público, su capacidad de crítica certera, su fortaleza para elaborar propuestas programáticas viables y la fuerza organizativa para formar cuadros de gobierno, son altas prioridades. Christlieb señalaba además que el Partido no busca “conservadoramente el mantenimiento de un orden estático identificado con una estructura determinada. Deseamos participar legítimamente en las decisiones del poder, para programar y discutir no sólo reformas a largo plazo, de contenido satisfactorio, pero que no interesan a quienes viven en la carencia, porque excluyen las soluciones requeridas de inmediato, sino también para buscar que los hombres de hoy vivan en libertad con suficiencia”.

La oposición se integra en los órganos del Estado o influye en éstos de diversas formas: “Libertad para proponer candidatos en las elecciones para renovación de poderes, integración del Poder Legislativo con representación justa de las minorías, integración proporcionada de comisiones legislativas, coaliciones electorales o parlamentarias, debates parlamentarios, participación en la administración pública, interpelaciones, crítica a los programas y procedimientos gubernamentales, formulación de programas propios, información y formación de la opinión pública por todos los medios de comunicación social”.

La vocación de oposición responsable fue durante décadas una de las grandes fortalezas de Acción Nacional. Adolfo Christlieb Ibarrola expresó con claridad que lo que nosotros queremos es “integrarnos en la responsabilidad del poder, no para gobernar en favor de un grupo, ni con apetitos de dominio”. Nuestra vocación opositora nos lleva a buscar servir a México, sin otra perspectiva que la de formar una Patria donde la vida más libre y más justa, sea mejor tanto para las generaciones de hoy como para las de mañana”.

 

Twitter: @JavierBrownC

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