Democracia: última llamada
Publicada el Jue, Abr 26, 2018

Por Luis Fernando Bernal.

Al final del siglo XX la transición hacia un sistema democrático liberal se convirtió en el anhelo de muchos mexicanos que de buena fe pensaron que eso nos traería múltiples beneficios. Después de 70 años bajo un gobierno autoritario, que sin ningún pudor alteraba los resultados electorales cuando le convenía, era entendible ese anhelo.

Sin embargo, cuando eso se consiguió hubo otros factores que impidieron que pudiéramos vivir realmente en una democracia, especialmente dos: para vivir en una democracia además del sufragio libre y efectivo es indispensable instalar un verdadero Estado de derecho, en donde la ley se aplique por instituciones sólidas e independientes; también es indispensable que la clase política crea realmente en la democracia, que la valore y la proteja. Nada de esto hubo en nuestra transición. Se respetó el voto, pero la cultura priista sobrevivió. Dos sexenios panistas no lograron erradicarla y, en no pocos casos, la cultura panista se vio atropellada y transformada por los usos y costumbres del priismo. No se diga la izquierda, que terminó entregándose en manos de ex priistas.

En este escenario, el PRI regresó encabezado por una de sus versiones más arcaicas y corruptas, la del Estado de México. Todo esto, ha ido creando un ambiente de decepción en el ciudadano, aquel que pensó que la democracia, si no iba mejorar sus condiciones de vida, sí le iba a dar al menos más dignidad, pero no fue así. Esa decepción hacia los partidos se ha ido transformando en enojo. Hay elecciones cuyo motor principal es el deseo de cambio, hay otras que las mueve el miedo, a ésta la moverá el rencor. Esta circunstancia es la que está moviendo a buena parte del electorado a votar por López Obrador. Es una manera de cobrarle a la clase política los excesos y la falta de recato en el saqueo de los recursos públicos.

El grave riesgo de ese voto de venganza es que puede significar el fin de la democracia liberal como sistema político en México. Si el electorado deja las emociones y entra en razón, un triunfo de la coalición Por México al Frente implicaría una responsabilidad tremenda. De la recta intención, de la decencia, del espíritu de servicio y de la eficiencia que tenga ese gobierno, dependerá el que México siga siendo un país democrático. La ciudadanía no aguantaría una simulación más. Sería verdaderamente la última llamada para la democracia. Tendrá entonces que investigarse y actuar contra quienes han abusado de la confianza de los electores, tendrá que ponerse fin al pacto de impunidad, a veces implícito, que ha imperado entre la clase política desde que inició la transición. Con comisiones de la verdad o judicialmente, el ciudadano tendrá que ver que quien la hace, la paga. No en ánimo de venganza como muchos analistas increpan, desgarrándose las vestiduras. Sería en el más estricto y elemental ánimo de justicia.

 

Luis Fernando Bernal es miembro del Consejo de Plumas Azules.

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