Debate por el futuro
Publicada el Jue, Abr 26, 2018

Por Marco Antonio Adame Castillo.

Al término de la tercera semana de campaña por la Presidencia de la República y realizado el primer debate presidencial, se multiplican las propuestas de los candidatos y se intensifica el debate sobre el futuro de nuestro país. De hecho, ante la evidencia en las encuestas de una contienda que se perfila entre los dos punteros, López Obrador y Ricardo Anaya, se hace más evidente el contraste entre las propuestas del pasado y las del futuro.

A propósito del futuro, Albert Einstein sentenció “no pienso nunca en el futuro porque llega demasiado rápido”; en contraposición, otros autores como el economista Kenneth Galbraith han afirmado que “si no piensas en tu porvenir –el futuro– no lo tendrás”. Más recientemente, durante la segunda mitad del siglo pasado, el visionario de la sociedad del conocimiento Peter Drucker impulsó la idea de que “la mejor manera de predecir el futuro es creándolo”, esto en coincidencia con el Nobel de Física, Dennis Gabor, quien sostuvo que “los futuros pueden ser inventados”. En nuestros días, a la luz de reportes como el del Instituto McKinsey: “Un futuro que funcione: automatización, empleo y productividad” se advierte que el futuro nos ha alcanzado, el futuro es hoy y exige propuestas y respuestas que funcionen.

Personalmente creo que la capacidad creadora que caracteriza al ser humano es el motor de los grandes cambios y se sustenta en el ejercicio responsable de la libertad; en razón de lo anterior, por supuesto que no estamos determinados a vivir en crisis permanente. Al contrario, las crisis son oportunidades y la manera de aprovecharlas para crear un futuro mejor es tomando las mejores decisiones públicas y privadas, con la información disponible y una visión serena y realista sobre las enormes capacidades y recursos que tenemos como personas y como país para lograrlo.

Pues bien, una de esas decisiones definitorias del porvenir la podemos ejercer el 1 de julio votando por la opción que represente la mejor posibilidad de alcanzar un futuro mejor; para ello es preciso analizar las propuestas de los candidatos, su visión de país, no sólo el grado de malestar o enojo ante las omisiones, los abusos y el desprestigio ganado a pulso de los políticos o la falta de respuesta de los gobiernos.

Es cierto que una parte del voto se define genéricamente por la idea de cambio, pero estando tanto en juego como país y sabiendo que una mala decisión al final nos afecta directamente, no podemos dejar correr el escenario inercial pensando que todo está definido o dejar que otros decidan por nosotros. Es preciso participar para modificar el curso de los acontecimientos y crear el mejor futuro posible, es decir, los bienes públicos que sean necesarios para cambiar la trágica situación de corrupción, impunidad, inseguridad, pobreza y desigualdad; en suma, para cambiar el régimen y el sistema político hoy ya agotado.

Para muestra un botón. Durante los últimos días el debate sobre el pasado y futuro ha girado en torno a la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), la obra más imponente por monto de inversión y significado de los últimos años. La experiencia internacional demuestra que los países con mayor desarrollo son los que se preocupan por asegurar la mayor y mejor conectividad, y en eso, el NAICM juega un papel importante. Si México aspira a ser un jugador global influyente, debe asegurar la infraestructura estratégica que le conecte con el mundo.

No será este el espacio para abundar en razones técnicas, que las hay y están plenamente documentadas. Tampoco el lugar para confirmar que una obra tan importante debe estar blindada contra la corrupción, por lo que bien han hecho los candidatos que se han pronunciado a favor, en especial Ricardo Anaya, al proponer que se harán las auditorías que sean necesarias para asegurar el cumplimiento de los contratos y la atención a las denuncias que se presenten. Lo verdaderamente preocupante es que Andrés Manuel insista en detener la construcción del NAICM al amparo de una idea peregrina que refleja ignorancia supina y una pobre visión de país y de futuro, como pensar que al adaptar la base militar de Santa Lucía se resuelve el problema de conectividad del país y la saturación del aeropuerto actual.

No existe ningún sustento a la propuesta de López Obrador sobre el NAICM y sí revela la miopía de un aspirante que no comprende el concepto estratégico de la conectividad global y el tamaño de país que quiere gobernar. Pero aún más grave, revela la catarata de ocurrencias que pueden venir después, poniendo en riesgo las inversiones y el desarrollo sustentable ante posiciones unipersonales y populistas que nada tienen que ver con la austeridad republicana que proclama y sí mucho que ver con caprichos y necedades de un líder que mira al pasado como recientemente lo declaró.

Como puede verse, el debate sobre el futuro implica predecirlo y asegurar su construcción desde ahora, con buenas decisiones sobre lo que sea mejor para México. Significa poner nuestra confianza en un líder comprometido con el mejor diseño de país, alguien como Ricardo Anaya, que sabe muy bien que no tiene los ojos en la nuca y que ha renunciado a ver al país por el retrovisor.

 

Marco Antonio Adame Castillo es Coordinador de la Comisión de Relaciones Internacionales e integrante de la Comisión Nacional Permanente del PAN.

Twitter: @MarcoAdame

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