De la protesta a la propuesta
Publicada el Vie, Jul 20, 2018

Por Carlos Castillo.

En el año 2012, el teórico de las relaciones del poder y la comunicación, así como estudioso de los movimientos sociales, Manuel Castells, publico el libro Redes de indignación y esperanza (Alianza Editorial): un estudio profundo y detallado sobre distintas expresiones de la acción colectiva que, alrededor del mundo, llamaba a gobiernos, partidos y representantes a hacer las cosas de otra manera.

¿Qué otra manera? Una, sin duda, distinta a como había sido siempre, esto es, a darse cuenta de que los modelos de participación, de involucramiento de autoridades con sus gobernados, de distribución de la riqueza, de justicia social, entre otros, habían llegado a un límite que exigía nuevos paradigmas e imaginación para dar cauces diferentes a la participación de la ciudadanía.

Ciudadanía que salía a las calles y exigía ser tomada en cuenta; ciudadanía que pasaba de la queja y la denuncia a la exigencia abierta y la manifestación callejera; ciudadanía que asumió en distintas ciudades y países del mundo una postura de confrontación con la autoridad, que tomó espacios públicos, que incluso derrocó gobiernos autoritarios, en algunos casos, o tuvo por semanas o meses acorralado a un sistema que no podía ni sabía cómo dar respuesta a esas exigencias.

Una nueva forma de organización de la inconformidad se manifestaba y hacía uso de las redes sociales como su mayor aliada. Internet y las distintas plataformas de comunicación sirvieron entonces no sólo para convocar manifestantes, ordenar masas y dar instrucciones de acción; fueron, además, las que anunciaban al mundo lo que ocurría, las que permitieron que la represión o los logros fueran denunciados o aplaudidos en uno y otros casos por quienes podían acudir en vivo a lo que ocurría a miles de kilómetros de distancia.

Este movimiento que es una suma de movimientos inicia en Túnez y en Islandia, desde la óptica de Castells, en donde el polvorín de la inconformidad se extiende de prisa y contagia a Egipto y el mundo árabe; así, gobiernos dictatoriales caen, se resisten, sofocan con la violencia o ceden a la ocupación de plazas públicas, a la presión de medios internacionales, y un dejo de luz comienza a asomar por las cavidades que la acción colectiva abre en los muros del autoritarismo.

De esa zona de Oriente próximo el contagio pasa a España y a Wall St., en Nueva York, en donde la crisis económica de 2008 deja en claro que un poder económico sin controles y desmedido es capaz de sacrificar ahorros de pensionados, hipotecas y beneficios sociales con tal de salvar un sistema financiero corrompido, que enriquece a unos pocos indolentes en detrimento de una mayoría que sacrifica prosperidad y bienestar.

Redes de indignación y esperanza recorre así dos años de movimientos sociales y describe la esperanza que por un momento nació de las calles y contagió a muchos: una efervescencia que, por desgracia, no pudo transitar a nuevos modelos puesto que las dictaduras árabes continúan hoy e, incluso, devinieron, en el caso sirio, en una guerra cruenta y cruda que hizo aflorar movimientos como ISIS; de igual modo, la búsqueda de nuevas formas de sumar voces, a través de la democracia participativa, alcanzaron en España solamente a crear nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, que apenas hoy, el segundo, ha sido capaz, y tras cinco años, de incorporarse plenamente a un sistema político que contribuyó a sacudir.

No obstante, de 2012 a la fecha el legado de ese tomar las calles sigue impulsando nuevos movimientos sociales. Así, la segunda edición del libro de Castells, aparecida en 2015, estudia las causas, orígenes, manifestaciones y consecuencias que ante las decisiones de austeridad de la Unión Europea acaecieron en Portugal o Grecia; de igual forma, las movilizaciones estudiantiles en Chile contra la corrupción en el financiamiento de partidos políticos y el acceso a la educación pública, así como las protestas que en México salieron a exigir un cese a la corrupción y una respuesta por los desaparecidos de Ayotzinapa, a inicios de un sexenio que pronto demostró que su voluntad de cambio no alcanzaba la piedra angular de todo sistema democrático: la justicia, el derecho.

Un estudio, en suma, que ofrece la posibilidad de celebrar, sí, la indignación, de entender los mecanismos que la activan pero, de igual modo, asumir que los cambios que se proponen deben pasar por las instituciones, valerse de ellas para irrumpir en un sistema y con orden y estabilidad buscar transformar lo que, sin duda, debe cambiarse, pero que exige algo más que tomar la plaza o la calle. Un libro, en suma, donde el optimismo a veces desmedido se enfrenta con la realidad.

 

Carlos Castillo es Director de la revista Bien Común. Twitter: @altanerias

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