Cuando se le pierde el respeto al Ejército
Publicada el Jue, Sep 26, 2019

Por Héctor Larios Córdova.

En México, desde hace muchos años, las Fuerzas Armadas son una de las instituciones que cuenta con uno de los mayores índices de credibilidad, particularmente el Ejército Mexicano. Su presencia nos ha infundido seguridad, respeto y agradecimiento.

Con el nuevo Gobierno federal, la orden del presidente López Obrador a las Fuerzas Armadas ha sido de no responder a las agresiones, no defenderse, bajo el razonamiento de que se está en contra de la “represión”. De esta forma, todos hemos sido testigos, a través de videos y en algunos casos de los noticieros, de como los soldados han sido embestidos por turbas que los han agredido, insultado y secuestrado (en algunos casos no los liberaron hasta que les regresaron las armas a quienes los habían asegurado). Además, también los han desarmado, vejado, golpeado con varas y pateado por la espalda, todo esto sin que puedan responder.

¿Qué pasa si se le pierde el respeto a los soldados cuando están en el cumplimento del deber? En primer lugar, en el ámbito interno de la institución armada, los daños son:

  1. La pérdida de la cohesión y disciplina interna. Todos podemos imaginar los diálogos de los militares en los cuarteles: desconcierto, desacuerdo y la incertidumbre de no saber hasta cuando. Se debilita y al final se pierde el orgullo de pertenencia.
  2. La merma de la autoridad de los Jefes Militares. Se debilita la voluntad de obedecer al jefe, porque sus órdenes son absurdas, incompatibles con la tarea que se les encomienda, en ninguna otra parte del mundo ocurre semejante disparate.
  3. En los mandos militares aumenta el desagrado y desacuerdo con la orden presidencial. Si esta situación persistiera y se agravara imaginemos el liderazgo que alcanzaría un mando que abiertamente encabezara la desobediencia a estas órdenes absurdas, estaría sembrada la semilla de alzamientos y motines.

Hacia la sociedad las consecuencias son también graves:

  1. La sola presencia de la autoridad es inspiradora de orden y respeto a la legalidad. ¿Cuál es el comportamiento de los automovilistas en una carretera cuando está circulando una patrulla de la Policía Federal?, todos, sin duda, respetan las reglas y la velocidad permitida. La pérdida de respeto a los soldados hace que se pierda este efecto en su presencia; por el contrario, como saben que no pueden responder, violan las normas sólo para denigrarlos.
  2. La sociedad paga varios costos, incluso de vidas humanas. como fue el caso de la tragedia de Tlahuelilpan Hidalgo, en donde murieron 93 personas. El Ejército estaba presente, pero acató la orden de no impedir el latrocinio al ducto, sin embargo, fueron los que primero prestaron auxilio después de la explosión. Paga el costo de que los que violan la ley se imponen sobre los que la respetan, aumenta la inseguridad porque la instrucción es que no intervengan.
  3. De continuar esta situación, algún día va a responder la tropa a las agresiones, pero ya no lo podrán hacer sólo con desplantes de formación porque ya no tienen credibilidad; se corre el grave riesgo que pierdan el principio de proporcionalidad y termine en graves violaciones de derechos humanos y quizá en la pérdida de vidas.

Cuando una turba se enfrenta a las Fuerzas Armadas pensando en que no responderán, pero si lo hacen lo tendrán que hacer con toda energía y quizá apoyándose en sus armas, pues de otra forma no podrán ser eficaces.

Es encomiable que el Presidente no quiera encabezar un “gobierno represor”, pero el problema es la confusión que tiene al considerar el uso de la fuerza por parte del Estado para hacer valer las leyes, las instituciones y garantizar el orden. La primera razón por la cual existe el Estado es la seguridad y por ello le concedemos el monopolio del uso de la fuerza, para hacer respetar las leyes.

A partir de una declaración en la mañanera, en donde afirmó “por mí desaparecería al Ejército”, algunos sospechan que es deliberado para desprestigiarlo y facilitar su desaparición, pero no se sostiene en virtud de la multiplicidad de tareas que les asigna.

En estos meses ya debe tener toda la evidencia de que su política de “abrazos no balazos”, de pedirles que piensen en su mamacita, que ya basta del crimen y los delincuentes, del “fuchi”, del “guácala”, es totalmente contraproducente, crece el número de delitos y de homicidios.

Cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal invitó Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, quien logró bajar a niveles mínimos la delincuencia a partir de su política de “Cero Tolerancia”, basada en la teoría de que cualquier falta que queda impune, por pequeña que sea, abre la puerta para que se cometan nuevas faltas y delitos.

Por ser un tema de enorme trascendencia para México y los mexicanos, debemos exigir al Presidente que aplique una política de “Cero Tolerancia” a los delitos, es su obligación perseguirlos todos y retirar sus absurdas órdenes al Ejército, puesto que es la únca forma de preservar esta institución al servicio de la sociedad.

 

Héctor Larios Córdova es Secretario General del CEN del PAN.

Twitter: @LariosHector

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