¿Cómo se enfrenta el populismo?
Publicada el Jue, Jun 15, 2017

populismo

 

Por Salvador I. Reding Vidaña.

El populismo, la nueva forma de demagogia, se pasea abierta y triunfante por el mundo, no sólo en México. Le va bien, está sana y hace ganar elecciones, apoyar medidas de gobierno y leyes que parecen buenas y dañan a la sociedad. La idolatría por el líder populista persiste y cuando se acaba es demasiado tarde.

El populismo ofrece a la población el cielo y las estrellas, y hasta “las perlas de la Virgen”. Y mucha, demasiada gente, le cree y le apoya, aún después del incumplimiento y la decepción. Las experiencias de fallas de gobiernos populistas no hacen sin embargo que muchas personas reconozcan que han sido engañadas, y persisten en la fidelidad al populista, al demagogo. Algo está mal, pero ¿qué falla y cómo se enfrenta y combate?

Combatir el populismo es muy, pero muy complejo, tanto así que las batallas electorales y mediáticas en su contra no parece tener efecto. Las denuncias de la maldad, ineficiencia, engaño y actos delictivos de los populistas tienen poco efecto, la experiencia lo demuestra. Es muy importante profundizar en el asunto.

A nivel académico hay mucho trabajo e investigación sobre este fenómeno, pero al parecer en la vida política no hay mayor examen y mucho menos medidas para reducir su triunfal carrera. Es preciso, como digo, meterse en el tema. Es necesario examinar cuidadosa, objetivamente los fenómenos de demagogia populista en México.

Para tener las respuestas a qué hacer frente al populismo mexicano es indispensable plantearse las preguntas correctas, ir al fondo de la psicología de masas y no quedarse en estudiar los hechos del populismo. El problema es psicológico, de cómo funciona la animosidad humana frente al razonamiento. La lógica no opera u opera mal en las mentes de los fanáticos y seguidores del líder populista.

El populismo funciona porque evade la razón, va hacia la emotividad humana, explota su necesidad de ver que “alguien” les resolverá sus problemas de vida, de apoyos y servicios públicos por medio de dádivas, de hacer políticas de gobierno que superan cualquier posibilidad de dineros públicos. Cuando “los que están” no pueden o no parecen querer resolver las necesidades de la población, la mente les dice que a lo mejor “éste”, el populista-demagogo lo hará.

Un problema de los fanáticos del líder o grupo populista es que no se dan cuenta que se trata de demagogia, de populismo; su esperanza de mejorar les nubla la mente. Y cuando se les dice que ese líder es un mentiroso, en vez de considerar que puede ser cierto, su amor propio los traiciona, pues se niegan a pensar que han sido engañados. Ellos “saben” que su líder es bueno, honesto, obsesivamente interesado en resolverles la vida.

El quid de la cuestión está allí, en que los seguidores, los creyentes del líder populista no pueden aceptar que se equivocan, y se empeñan en creer que es auténtico, por eso su mente no analiza, y en mucho ni siquiera es capaz de razonar sobre las acusaciones en contra de su héroe: ¡no es cierto!

Todavía más, cuando la experiencia de gobierno demuestra las fallas del populista, siguen confiando en él, porque algo no tiene a disposición o fuerzas extrañas con propios intereses lo boicotean. Pero el populista tiene varios recursos para mantenerse en la simpatía popular. El más útil es el de las dádivas, los regalos o “apoyos” en bienes o dineros del erario. No pueden razonar que son pagados con fondos que deben tener otra finalidad para el bien común. Él es bueno, ve por nosotros los desprotegidos ¡que Dios lo bendiga!

Otro recurso del populista es cierta obra pública, aquella que tildamos “de relumbrón”, que lo es. Hacer grandes obras que dan la impresión de buen gobierno, que hacen olvidar que los problemas más graves de la población, sobre todo la rural no son atendidos. La ventaja de este proceder es que se pueden pagar (con los fondos del erario) enormes campañas de autoelogio.

También dispone el populista en el poder de otro medio: el uso del mismo para aniquilar a sus contrarios, a los que lo denuncian o públicamente le reclaman. Puede desde hostigarlos, encarcelarlos, despojarlos de sus bienes, negarles servicios o hasta hacerlos “desaparecer”. Para eso están el dinero y las fuerzas de seguridad, y hasta otros medios como las milicias, el sicariato, los “porros” y grupos privados de “seguridad” sin escrúpulos ni morales ni legales. Y para eso se puede pagar prensa, para denostar al adversario y despedazar su imagen.

En fin, el populismo tiene mucho que examinar, para encontrar medidas de reducir su influencia. No se puede aniquilar, sólo reducir, es parte de la vida política del mundo, y hasta de liderazgos religiosos, sindicales o sociales explotadores.

¿Por qué la gente vota por populistas y hasta los apoya en su mal gobierno? La respuesta está en las ciencias sociales y hasta en la psiquiatría. Si denunciar mentiras, ofertas absurdas, amedrentamientos, ataques a adversarios y otros delitos del populista, en campaña o en el poder no funcionan, es que algo o se está haciendo mal o no se hace.

Así, y personalizando al populista mexicano, cuando la denuncia no reduce el fanatismo ciego a su favor, es preciso sentarse a estudiar el caso, apoyándose en expertos en comportamiento humano de multitudes. Y de allí hacer planes y estrategias para reducir la influencia del demagogo. De otra manera se seguirán dando palos de ciego y frustrándose porque la popularidad del líder mesiánico no baja y quejándose de que la gente es necia y no razona.

 

Salvador I. Reding Vidaña es Coordinador del Consejo de Plumas Azules. Twitter: @siredingv