Ciudadanía Activa
Publicada el Jue, Feb 22, 2018

Un modelo para transformar la atención ciudadana desde la gestión legislativa

Por Fernanda Rivera.

Renovar la política

Cuando comencé mi gestión como diputada local me enfrenté al desafío de la desconfianza y de la apatía ciudadana. Esta situación es efecto del hartazgo ciudadano frente a una clase política que ha fallado reiteradamente. Pero estoy convencida, como apunta Manuel Villoria, que “frente a la corrupción política no se puede pedir menos política, sino política de mayor calidad… El hecho de que la política democrática no funcione bien en la práctica no implica que no sea necesaria y que sus fundamentos no sean nobles”. El camino que tenemos por delante no es el de claudicar o retirarnos, sino el de renovar la política desde sus valores éticos más profundos.

 

Hacer escuela ciudadana

En este sentido, es inspirador saber que, hace ya 79 años, Manuel Gómez Morin nos convocó a hacer posible una nueva forma de hacer política, bajo el deber irrenunciable de poner al ciudadano en el centro de la construcción del bien común. Este llamado no fue la convocatoria a una utopía, sino a realizar un proyecto de convivencia democrática, nuevo y vigoroso.

Este proyecto sólo es viable en la medida en que genere acciones políticas concretas que hagan emerger un nuevo humanismo cívico. Un humanismo que proclama derechos, pero también asume deberes; que no sólo defiende libertades, sino también asume responsabilidades; un humanismo que critica y que propone; que exige pero que acompaña. Por ello, no puede haber democracia verdadera sin una tarea educativa que forme a los líderes y a los ciudadanos. La política, la alta política, sólo es posible con ideas, valores y virtudes.

 

Transformar la forma de gestión del legislador

Estoy convencida que uno de los quehaceres del legislador como es la posibilidad de gestionar recursos, apoyos o cualquier tipo de acción, debe convertirse en una posibilidad de generar ciudadanía. La atención que se brinde debe ser un centro que irradie solidaridad y subsidiariedad. Desgraciadamente, la mayoría de las oficinas de los diputados están convertidas en espacios de trámites burocráticos o en simples centros de dispendio populista. Si bien las labores de enlace pueden y deben ayudar a subsanar algunas de las disfunciones gubernamentales, la tarea debe ser mucho más profunda y transformadora para evitar replicar dinámicas meramente asistencialistas. Estamos aquí no para repetir los vicios del pasado, sino para cambiar la forma en cómo se ha venido haciendo la política. Es momento de reestablecer el diálogo y la confianza con los ciudadanos desde nuestro ámbito de actuación. Y las actividades para la atención de los ciudadanos son este primer ámbito de acción que debe estar permeado por lo mejor de nuestros principios y valores.

 

Un nuevo modelo de corresponsabilidad

Por todo ello, durante mi gestión como legisladora desarrollé, junto con mi equipo, un modelo de formación ciudadana que acompaña todo trámite y servicio que se lleva a cabo a través de las actividades de enlace social. De esta forma, bajo el concepto de Ciudadanía Activa, hemos impartido 40 “Talleres de Formación de Ciudadanos Activos”, en los que se ha capacitado a más de 800 ciudadanos en sus derechos y deberes. Estos ciudadanos pueden aspirar a un segundo nivel de compromiso que se enmarca en lo que hemos llamado “Banco de Horas Solidarias”. Este «banco» no es otra cosa que un compromiso de servicio que dan los ciudadanos activos en favor de sus comunidades.

En el «banco» se contabilizan las horas que dan los ciudadanos a sus comunidades en tareas diversas como pueden ser: detectar las necesidades de su colonia, gestionar apoyos específicos, conformar comités de estilos de vida saludables e impartir pláticas de prevención de adicciones, entre otros.

Los ciudadanos que aportan a este “Banco de Horas Solidarias” son acreditados como “Promotores de Ciudadanía Activa” y, en un acto solemne, son reconocidos como tales. Hasta la fecha, más de 200 ciudadanos se han sumado a este proyecto, generando dinámicas de corresponsabilidad que nunca antes se habían logrado. De esta manera, el trabajo de enlace no sólo se evalúa por la cantidad de apoyos que da sino, sobre todo, por la cantidad de mujeres y hombres formados, y por las horas de solidaridad que genera. Creamos la conciencia en ellos, de lo relevante que es pasar de ser habitante de una comunidad a ciudadano que construye su ciudad.

 

Subsidiariedad vs Populismo

Uno de los mayores daños que ha hecho el populismo a la política es el empequeñecimiento de muchos ciudadanos, que sólo saben relacionarse con los políticos a través de las dádivas. Ello genera una relación perversa basada en el clientelismo y la extorsión.

El proyecto político de Acción Nacional es muy distinto; nuestro objetivo es liberar el potencial y la creatividad de los ciudadanos. Se trata de sembrar, por todas partes, dinámicas de subsidiariedad que hacen posible superar la visión estatista y derrotar así la consigna del populismo que cree que la clave del desarrollo está en el gobierno. Nuestro proyecto es muy diferente: “tanto gobierno como sea necesario, tanta sociedad como sea posible”. Porque estamos convencidos que el desarrollo se debe detonar principalmente desde las familias, en las cooperativas, en las universidades, en la pequeña empresa, con la sociedad civil organizada.

Este modelo de desarrollo en el que creemos en Acción Nacional debe comenzar a gestarse desde realidades tan específicas como la forma de gestionar de nosotros –legisladores- para y con los ciudadanos. Sólo así ganaremos la batalla al populismo.

 

Fernanda Rivera es Diputada en la LIX Legislatura del Estado de México, Consejera Nacional y miembro del Sistema de Capacitadores Nacional.

Comentarios

comentarios