Brexit: más incertidumbres que certezas
Publicada el Mar, Ene 17, 2017

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Por Miguel Ángel López Lozano.

Tras corroborar que no se ha producido ningún tipo de Armagedón con motivo del Brexit, y que las bolsas mundiales han sabido amortiguar muy bien el impacto, Europa recupera la calma poco a poco a la espera de recibir cuanto antes la notificación formal de Inglaterra para llevar a cabo el divorcio efectivo que votaron los británicos, dejando tras de sí 43 años de convivencia.

En democracia, las urnas representan el mandato imperativo de la soberanía nacional. Y el 52 por ciento de los británicos decidió dejar de formar parte de uno de los proyectos más ambiciosos en la historia reciente de occidente. Es la segunda vez que votan semejante decisión, la anterior fue en 1975, y en aquella ocasión el 67 por ciento de los británicos decidieron mantenerse en la Comunidad Económica Europea, frente al 33 que apoyaba la ruptura.

La victoria del Brexit ha supuesto la mayor amenaza a la Unión Europea desde que el 9 de mayo de 1950 Robert Schuman presentara ante la opinión pública su transcendental propuesta de una Europa unida. Durante estos sesenta y seis años, el proceso de integración ha pasado por fases de éxito y estancamiento, pero poco a poco, el mercado único ha sido el logro más importante del proyecto europeo, un logro que ha generado prosperidad y crecimiento bajo los principios de solidaridad y cooperación de sus miembros, esta es la verdadera riqueza de la Unión Europea. En términos globales, lo positivo supera ampliamente a lo negativo.

Los efectos económicos aún son impredecibles y no llegarán a medio plazo hasta que Reino Unido invoque el artículo 50 y le comunique formalmente a la Unión Europea su salida. Mientras tanto, las presiones del Banco Central Europeo y de las principales instituciones europeas se centran en acelerar un proceso que cuanto antes se consume, antes se podrá superar. En el plano económico, la única certeza que podemos avanzar a priori es que el Reino Unido quedará excluido de los tratados que la Unión Europea comparte con México, Chile, Perú, Colombia y Centroamérica en general, quedando sin efectos los acuerdos comerciales vigentes y dejando a la intemperie las relaciones bilaterales entre países de relieve donde el Reino Unido supone un socio comercial de especial interés. Los equipos diplomáticos tendrían que empezar de cero la negociación de nuevos tratados bilaterales, que por otro lado, abrirían la posibilidad de conseguir acuerdos más consonantes con las nuevas realidades.

Los efectos políticos no se han hecho esperar, la apertura de la caja de pandora introduce una corriente difícil de contener a no ser que se reformule íntegramente la Unión europea tal y como la conocemos. Pero, el Brexit no es un efecto que se circunscribe únicamente al Reino Unido, el euroescepticismo se propaga en la vieja Europa con la misma intensidad que la gripe azota España estos días. El populismo nacionalista creciente de Europa, liderado por los euroescépticos de Francia, Holanda, Suecia y Dinamarca se movilizan y toman como bandera la confrontación y división europea, contribuyendo a un fortalecimiento de los movimientos de corte nacionalista y anti-inmigración que ya están proliferando en Europa y Estados Unidos.

En Europa, el máximo exponente es el Frente Nacional francés, cuyas expectativas electorales recientes se han visto incrementadas de cara a sus próximos comicios, generando una revolución en las filas del UMP. Por cierto, en lo que respecta a Francia, Donald Trump quiere reforzar sus lazos con Marine Le Pen, cuya sobrina, Marion Maréchal-Le Pen, anunció en Twitter que el Frente Nacional había aceptado una invitación directa de la oficina de Trump para trabajar juntos.

Respecto a Estados Unidos, no es de extrañar que Nigel Farage, el líder británico del partido antieuropeo UKIP, fuera el primer invitado europeo que recibió el presidente electo Donald Trump. No se trató de molestar a los dirigentes políticos europeos que durante la campaña menospreciaron su candidatura, sino de una apuesta personal hacia un personaje que guarda un patrón similar en su modo de entender lo que ha venido a llamarse “nueva política”. Farage, también contrario a la inmigración, mantiene una estrecha relación con Trump e incluso llegó a participar en un evento durante la campaña presidencial.

Vivimos tiempos convulsos donde los populismos avanzan a ambos lados del Atlántico. Han adoptado diferentes banderas, ya sea la indignación, la xenofobia, el nacionalismo o la seguridad. Y sus nexos son cada vez más fuertes, estableciendo unas alianzas que dificultan su propagación. La economía mundial no ayuda, las crisis financieras son caldo de cultivo para estos fenómenos viejos en nuestra historia, que en otras ocasiones tuvieron desenlaces fatales. El Brexit es otra señal de alerta que, sumada a la victoria de Donald Trump, debería hacernos reflexionar acerca de en quienes estamos dejando las riendas de las naciones con mayor influencia del mundo occidental.

 

Miguel Ángel López Lozano es analista político. Twitter: @malopezlozano

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