Bien común y el actual gobierno
Publicada el Lun, Nov 25, 2019

Por Héctor Larios Córdova.

Desde las primeras etapas de la vida humana las familias se han agrupado para vivir en sociedad, depositando autoridad en un gobierno y buscando, en primer lugar, seguridad, pero a medida en que las sociedades se desarrollaron buscaron que el vivir en sociedad aportara mayores beneficios.

En la Edad Media se cristalizó el concepto de BIEN COMÚN, entendido como el conjunto de condiciones que permiten (favorecen) el desarrollo pleno de los hombres en todas sus dimensiones. Corresponde al Estado, en primer lugar, procurar el Bien Común, es decir, que existan las condiciones para que los integrantes de la sociedad no sólo encuentren realización de sus necesidades materiales, sino también de las del orden del intelecto y del espíritu, pero también todos los integrantes de la misma sociedad tienen que aportar a la construcción del Bien Común, y desde luego todas las sociedades intermedias, a partir de la familia, con la interacción se da la complementariedad.

En la práctica el Bien Común se construye a partir de crear y perfeccionar “Bienes Públicos”, que pueden ser algunas leyes o instituciones, sin justicia y seguridad no pueden desarrollarse en la mayoría de las dimensiones; por ello, los Estados requieren de instituciones de seguridad e instituciones de administración de justicia.

En México, con el transcurso del tiempo, hemos construido multitud de Bienes Públicos, en el orden de la salud, de la vivienda, de la cultura y de la educación, etcétera.

Como toda obra humana estos bienes públicos han tenido épocas buenas y malas, deficiencias y excelencias, siempre perfectibles.

Dos ejemplos de los muchos que hay en nuestra patria: primero, el IMSS. Para casi el 40 por ciento de los mexicanos ha representado la oportunidad de recurrir a esta institución y recuperar la salud; casi un tercio de los mexicanos, menores de 20 años, han nacido en instalaciones del IMSS; decenas de miles tienen una pensión de jubilación que les paga mensualmente el Seguro Social. Se pueden enumerar muchos de sus logros, como la formación de médicos y el desarrollo de la medicina en México, también podríamos hablar de sus deficiencias como los tiempos de espera para una intervención, las épocas de dispendios en estadios, teatros, etcétera. Con todo, el IMSS es un Bien Público que debemos perfeccionar y desde luego conservar.

El segundo ejemplo es el INFONAVIT, que ha permitido a millones de familias mexicanas tener una casa, sin duda, una condición necesaria para el pleno desarrollo. En su historia, el INFONAVIT ha tenido dos épocas muy diferentes: la primera, que duró 25 años, donde financiaba y construía casas, con mucha corrupción y muy mala calidad; lo máximo que llegó a entregar fueron 100 mil créditos al año, que hacían que la espera promedio fuera de más de 26 años para los derechohabientes (sólo se obtenía casa con influencias o con corrupción). En la segunda época, a partir de 2001, sólo ha prestado los servicios de financiamiento; entregó más de 1 millón de créditos al año, que se asignan por puntaje, ya no por influencias o sobornos, el derechohabiente tiene libertad de elegir la casa que desea. Este es un claro ejemplo de un Bien Público que en el tiempo supo mejorarse y aportar más al Bien Común de los mexicanos.

Ahora estamos en un nuevo gobierno que se autodescribe como una Transformación, y en realidad lo es, pero sin duda en relación con los Bienes Públicos es negativa. Se ha dedicado a destruir, desaparecer los Bienes Públicos construidos a través de los años, sin sustituirlos, por lo que caminamos a una sociedad que cada vez menos propicia que todos sus integrantes tengan las condiciones para realizarse plenamente.

Lamentablemente son ya cientos de ejemplos, ya no es el cambiarle el nombre al Bien Público como sucedió con el programa piloto “Progresa” que nació en el gobierno de Zedillo y que con Fox y Calderón se implementó en todo el país con el nombre de “Oportunidades”, y se mantuvo con Peña con el nombre de “Prospera” y ahora desapareció. Un programa diseñado para que una familia pudiera en el tiempo salir de la pobreza, a partir de ayuda económica a condición de progresar en la educación y atenderse la salud y nutrición.

Ahora está en proceso la destrucción de uno de los Bienes Públicos más importantes del país: el Seguro Popular, que es la solución para “asegurar” a más de la mitad de la población que no tiene afiliación en el IMSS o ISSSTE. Y que tiene como parte fundamental la obligatoriedad de aportar recursos económicos, tanto por la Federación y por los estados en una cantidad específica por cada asegurado. De forma que el presupuesto de Salud ha crecido de forma exponencial, permitiendo el incremento de instalaciones de salud, de personal médico y enfermeras, y la constitución de un Fondo de Gastos Catastróficos (al que le han quitado ya la mitad 40 mil millones de pesos) para pagar los tratamientos de las enfermedades de costosa atención, como el cáncer y diabetes.

Nada justifica la felonía de destruir el Seguro Popular, en el fondo es evitar la obligación de aportar recursos a la salud para usarlo en programas clientelares, todos debemos aportar para que el Senado no convalide esta terrible decisión.

La alegría y felicidad de los mexicanos, que encuentran las condiciones para desarrollarse plenamente, tiene en este gobierno un terrible adversario, que trata de regresar a la sociedad sin instituciones, sin bienes públicos, sólo la mano “generosa” del Presidente para la dádiva que no te ayuda a crecer.

 

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