AMLO contra Biden
Publicada el Jue, Nov 26, 2020

 

Por Humberto Aguilar Coronado.

Los resultados electorales de los Estados Unidos de América trajeron muchas sorpresas. Los acontecimientos de los días finales del proceso de renovación de poderes en la nación vecina dejaron amplios espacios para el análisis y la reflexión.

Por ejemplo, aparentemente las encuestas, aunque no de forma tan estrepitosa como en el 2016, volvieron a errar en sus mediciones y aunque en esta oportunidad acertaron en el triunfo de Biden, las estimaciones que calculaban un triunfo holgado no se cristalizaron.

Al contrario, la votación en favor del presidente Trump alcanzó niveles impresionantes que, entre otras cosas, dejan claro que la base social del presidente norteamericano es enorme, que las banderas nacionalista, proteccionista, xenófoba y racista que enarbolaba esa candidatura tienen un amplísimo apoyo popular que dificultará de manera decisiva la implementación de la agenda del candidato ganador.

Así, frente a la visión de los que estiman que el resultado electoral estadunidense anuncia el principio del fin de la agenda populista de derecha, se levanta otra interpretación, sensata desde mi perspectiva, de que esa agenda resultó la más votada aunque, paradójicamente, la suma de los votos de las agendas que conformaron la coalición Demócrata superó por poco margen el apoyo popular a los Republicanos.

Evidentemente la coalición ganadora es menos estable que la base electoral de Donald Trump, lo que nos ofrece una vaga pero preocupante idea de los retos enormes del futuro.

Otro de los aspectos que llaman poderosamente la atención de los resultados del martes 3 de noviembre es el hecho de que el presidente en funciones (quien controla las herramientas del poder real en esa nación) se niegue a reconocer su derrota en el proceso electoral y enarbole el argumento del fraude en contra del futuro inquilino de la Casa Blanca, y anuncie la ruta de las impugnaciones y las acciones judiciales para revertir el resultado.

Hay tres momentos después del proceso electoral en los Estados Unidos que tienen repercusiones directas en México. Primero, la decisión de los principales medios electrónicos de comunicación estadunidenses de cortar la transmisión de la conferencia de prensa de Donald Trump en la que se quejaba del fraude electoral y anunciaba su estrategia de defensa; segundo, la decisión del presidente López Obrador de no felicitar, e indirectamente no reconocer, el triunfo electoral del candidato Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos; y el tercero, no haberle contestado la llamada al Presidente Electo, argumentando que esperaría a que se hiciera oficial el triunfo.

En medio de una total incertidumbre sobre los resultados finales de la jornada electoral, el jueves 5 de noviembre, el presidente Trump anunció que daría una rueda de prensa. Desde la Casa Blanca, Trump utilizó esa conferencia para fijar oficialmente la postura del fraude electoral y durante su intervención algunos medios como NBC News y ABC News decidieron cortar la transmisión y otros, como CNN que la transmitió completa, utilizaron a sus comunicadores para dejar claro el rechazo al uso de los medios para sostener mensajes con mentiras.

La decisión de las televisoras y de las cadenas de noticias fue tachada por diversos analistas como un atentado contra la libertad de expresión.

De manera sorprendente, el presidente de México decidió participar en el debate abierto por este hecho, a pesar de su reiterada insistencia en que México sigue la política de no intervención en asuntos internos de otros países.

Durante la conferencia de prensa del lunes siguiente, el presidente López Obrador reclamó a las cadenas estadunidenses que censuraran al presidente de los Estados Unidos de América.

Esta intervención puede ser analizada como otro gesto de apoyo de López Obrador en favor de “su amigo” Trump o, tal como sucede con su negativa a reconocer los resultados del proceso electoral hasta que se concluyan los procesos legales que invocan fraude, como una estrategia para evitar que en los últimos días del mandato del Republicano se tomen acciones que afecten los intereses mexicanos, es decir, otro gesto de la prudencia que invoca el presidente.

Sin embargo, estas raras decisiones del mandatario mexicano pueden tener otra interpretación que tiene que ver con razones de política interior y que no tienen nada que ver con las relaciones con los Estados Unidos.

Diversos estudios de las conferencias de prensa que el presidente desahoga en las mañanas desde Palacio Nacional (por ejemplo, las que realiza SPIN-TCP) muestran en el mandatario mexicano una clara propensión a mentir, a acusar sin fundamento, a lanzar afirmaciones imposibles de confirmar, o simplemente a obviar la verdad cuando ésta no armoniza con su postura política.

La reacción de los medios de comunicación norteamericanos frente a un discurso visiblemente mentiroso de su presidente puede significar un anuncio de las formas como pueden reaccionar los medios de comunicación de otras latitudes frente a discursos mentirosos de sus políticos.

El argumento que parece defender López Obrador al criticar la censura, es que el presidente (u otro actor político) puede mentir descaradamente en medios de comunicación y los medios no tienen derecho a restringir ese mensaje, ya que es un derecho de la audiencia calificar su veracidad.

Queda claro que al Presidente de México no le gustó que los medios norteamericanos pusieran el ejemplo de alternativas frente a políticos poco comprometidos con la verdad o políticos mentirosos.

Así, en estos días estamos observando en México a un presidente que defiende el derecho a mentir y que reclama que a México nadie venga, desde el extranjero, a felicitar a ningún candidato con resultados electorales preliminares, ni en el 21, ni mucho menos en el 24, para poder actuar libremente desde el poder sobre los resultados si fuera necesario.

 

Humberto Aguilar Coronado es Director General de la Fundación Rafael Preciado Hernández.

Twitter: @Tigre_Aguilar_C

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