Acción Nacional y el poder – Revista La Nación
Acción Nacional y el poder
Publicada el Jue, Feb 22, 2018

Por María Elena Álvarez de Vicencio.

“El poder no es un título, hay que estar mereciéndolo y ganándolo de momento a momento”: Manuel Gómez Morin[1]

Max Weber afirmaba que hay tres tipos de poder: el tradicional, el carismático y el poder legal. El poder político, el más difundido en las sociedades modernas, es poder legal, ya que tiene como su fuente la ley, la cual obliga a ser obedecida, tanto por los ciudadanos como por los que mandan. Se considera que este poder se funda en la legitimidad de los ordenamientos establecidos, los cuales, a su vez, definen el papel de quienes lo detentan.

En el artículo 49 de nuestra Constitución se establece el principio de la división de poderes, es decir, que los poderes no se pueden concentrar en una sola persona o corporación, sino que tienen que estar divididos. Este principio tiene por objeto impedir que los gobernantes abusen de los cargos en perjuicio de los habitantes. No en todos los países del mundo se respeta este principio y México no se encuentra en los primeros lugares a nivel mundial en la escala de respeto a la división de poderes.

John Locke señalaba que, contando con la debilidad humana, sería un gran error delegar la función de ejecutar las leyes a quienes tienen la tarea de realizarlas. Montesquieu en El Espíritu de las Leyes decía que toda persona que tiene el poder siente la inclinación de abusar de él. Por esto, es necesario que por disposición de las leyes el poder frene al poder, por lo que en toda Constitución democrática debe estar establecida la garantía de los derechos de los gobernados y la separación de los poderes.

Es muy común que los gobernantes violen tales ordenamientos. El Ejecutivo Federal y su equipo, el Gabinete, toman decisiones que no les competen y en el Congreso las pasan por alto. Con mayor frecuencia se da entre los gobernadores, quienes violentan las leyes y “cooptan” al Legislativo local para que no lo sancionen (especialmente sucede en el ejercicio de los presupuestos y en la supervisión de las obras públicas).

El propósito inicial de Acción Nacional no fue llegar al poder. Cuando se fundó en 1939, la acción política era rechazada por las personas “decentes” y el abstencionismo ciudadano era la corriente mayoritaria. El PAN tuvo como primera actividad formar la conciencia ciudadana para lograr su participación y así pasar del voto inexistente al voto emitido y defendido, y posteriormente establecer el voto respetado.

Acción Nacional considera que, gracias al trabajo de los panistas, en buena medida se avanzó considerablemente en esas metas y en el actual proceso electoral se propone que los funcionarios públicos propuestos y electos por el Partido ejerzan sus funciones con estricto apego a la normatividad, con capacidad y con honestidad en el manejo de los recursos.

Hoy, Acción Nacional debe tener presente cuál es el compromiso de los panistas cuando ocupen un cargo público. Adolfo Christlieb Ibarrola decía: “La política es una disposición y capacidad de servicio y no ocasión para satisfacer apetitos personales. La militancia en el PAN no es el camino indicado para lograr la seguridad y ventajas económicas En Acción Nacional la actividad política es una carga, no una inversión productiva”.[2]

Efraín González Luna a su vez decía: “El poder público debe ser, exactamente, el servicio del bien común; no es una empresa predatoria, ni una aventura intrascendente, ni un negocio personal, es una misión respetable y sagrada. Se va al poder público no simplemente a satisfacer egoísmos del partido, a imponer ideologías, a gozar de la ebriedad del mando, a nada de esto se va al poder público; se ha de llagar a él, en cualquiera de sus distintos aspectos y actividades, con un propósito de servicio”.[3]

Abel Vicencio Tovar cuando fue Jefe Nacional dijo: “El poder, en teoría, es simplemente la capacidad de realizar la propia voluntad y de obligar a otros a acatarla, pero la autoridad es una facultad, es una potestad, que entendida en su profunda integridad, se ocupa de lograr el bien común en un grupo o en la sociedad, que le toca encabezar.

“México necesita gobernantes que lo sean no sólo por el puesto que ocupan, sino por su capacidad de iluminar los problemas con su inteligencia y de plantear las soluciones con la fuerza de su personalidad. Por eso, es necesario que quien aspire a gobernar compare los medios que pone para lograrlo con las cualidades que debe cultivar para sí mismo.

“México y el Partido están necesitados de la creación de una verdadera mística nacional que se renueve continuamente, como condición indispensable para generar una dinámica de desarrollo político integral. Esa mística exige congruencia, generosidad y fidelidad a los principios”.[4]

Acción Nacional requiere candidatos que con su mística y compromiso, al llegar al poder, sean gobernantes capaces de abatir la pobreza y la violencia, y de transformar a México con la recuperación de sus valores éticos, de solidaridad y de justicia.

Acción Nacional fue capaz de “MOVER LAS ALMAS”, vencer el abstencionismo, romper el monopolio del poder y ahora que se vislumbra la posibilidad de volver a ejercerlo, no puede decepcionar a quienes con su voto confiarán en él.

 

María Elena Álvarez de Vicencio es Directora del Centro de Estudios para la Mujer Blanca Magrassi y Consejera Nacional del PAN

[1] Manuel Gómez Morin, Ideas Fuerza, Pág.28

[2] Ideas Fuerza, Adolfo Christlieb, Pág.73

[3] Ideas Fuerza, Efraín González Luna, Pág.43

[4] Ideas Fuerza, Abel Vicencio Tovar, Págs.31, 42, 43 y 44

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