Desde el proceso electoral del 2018, cuando en el PAN decidimos ir en coalición con el PRD y Movimiento Ciudadano, uno de los principales cuestionamientos fue sobre la ruta ideológica que se seguiría en caso de ganar, pues las posturas políticas de cada partido eran muy distintas al otro. En 2021 esa misma inquietud ha surgido de nuevo.

Dentro de la reflexión y los argumentos que manifesté sobre mi postura en favor de la coalición con el PRI y PRD hace algunos meses, incluí que los panistas no debemos preocuparnos ante un posible desdibujamiento de la identidad de nuestro Partido, pues esa es una tarea y una lucha de protección que habremos de dar los panistas desde adentro. Nada de nuestra doctrina estará en riesgo, si nosotros no lo permitimos. Convencido de esa postura, es que quiero profundizar sobre esta visión.

Desde la fundación, nos hemos distinguido de otras organizaciones políticas por la firmeza de nuestra doctrina. Quienes militamos en el PAN solemos presumir con mucho orgullo nuestra historia democrática e identidad humanista. Con el paso del tiempo, los Principios de Doctrina han tenido dos modificaciones desde su fundación. Modificaciones que no han cambiado la esencia, sino que la han fortalecido, pues los retos y problemas que vivía México en 1939 no eran los mismos que en 1965, y los del 65 no eran los mismos que en el 2002.

Nuestros principios siempre han sido claros. Entonces, ¿qué debemos hacer nosotros, los panistas, para proteger y conservar nuestra identidad? Creo que nos toca hacer dos cosas principalmente: primero, reencontrarnos orgullosos con nuestra identidad y, segundo, difundirla sin tapujos.

Sobre el primer punto, me refiero a que cada uno de los panistas debemos entender y sentir perfectamente lo que nuestros principios de doctrina manifiestan, y hacerlo con el orgullo y la convicción que estos representan. Nuestra doctrina no fue una ocurrencia o una improvisación, y tiene un sólido sustento en el pensamiento demócrata cristiano. Fue definida y ha sido fortalecida con la experiencia de muchas generaciones. Y siempre teniendo como norte el humanismo político.

Con mucha tristeza he visto que algunos panistas, con la intención de ser atractivos con un sector electoral que no coincide con nuestros principios, no sólo reniegan de la propia doctrina, sino que pretenden cambiarla, desvirtuando su esencia y poniendo sobre la mesa la reflexión de temas que lejos están de representar lo que desde 1939 pensaron nuestros fundadores. Y con esto no digo que no sea sano el debate y la reflexión crítica, lo que no concibo es la intención de manipular la identidad que se ha construido por décadas, solamente para que nuestra doctrina se amolde a las convicciones de unos cuántos.

Por otro lado, muchos ciudadanos han olvidado o no conocen lo que el PAN representa. Hemos dado luchas efímeras y pasajeras, y muchas veces dejamos de promover lo fundamental y trascendente. Con frecuencia los ciudadanos expresan “todos los partidos son iguales”, y quizás en algo tengamos responsabilidad, no sólo en nuestros errores cometidos cuando hemos gobernado, sino que hemos olvidado difundir y representar con congruencia nuestros principios.

El PAN es y debe ser un Partido abierto para todos los que sueñan con construir un México mejor y están dispuestos a trabajar desde esta trinchera, pero conscientes de la doctrina que representa al PAN. Nuestra responsabilidad, como panistas, es poner al servicio nuestras capacidades y practicar nuestros principios con la certeza de que estamos en el lugar correcto.

La preocupación de la esencia humanista de nuestro Partido no está en riesgo por ninguna coalición. Estará en riesgo, mientras los panistas no entendamos que nuestra doctrina es clara y es vigente, y con las acciones de nuestros gobiernos que los han puesto en práctica se ha demostrado que también son útiles a la sociedad.