Acción ciudadana
Publicada el Mar, Oct 24, 2017

Por Maricarmen Rizo.

El terremoto no sólo movió la tierra, potenció la solidaridad y amor por la vida de miles de mexicanos que en la Ciudad de México salieron en auxilio de quienes quedaron bajo los escombros o resultaron damnificados por el terremoto del 7.1 grados del pasado 19 de septiembre.
La suma de fallecidos por el sismo con epicentro en los límites de Morelos y Puebla ascendía oficialmente a 369, de los cuales 228 se cuentan en la Ciudad de México; 74 en Morelos; 45 en Puebla; 15 en el Estado de México; 6 en Guerrero y uno en Oaxaca, de acuerdo con el Coordinador Nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, Luis Felipe Puente, quien dio a conocer la información a través de sus redes sociales.

Los memes pararon

Tras conocerse la magnitud de los daños causados por el terremoto, los memes tan característicos de cualquier acontecimiento pararon, a diferencia del sismo del 7 de septiembre donde como siempre el humor negro se hizo presente en todas las plataformas digitales. En esta ocasión, las imágenes en cualquier red social fueron para pedir ayuda o dar aliento. Y es que espontáneamente los ciudadanos dieron ejemplares muestras de solidaridad; de manera improvisada, pero solidaria y generosa, salieron a ayudar a las distintas zonas de desastre con víveres, medicinas, herramientas y lo que se fuera requiriendo en los distintos centros de acopio.
Colonias como la Roma o Condesa, ubicadas en la llamada zona cero porque la mayoría de los edificios derrumbados en la capital pertenecían a estas comunidades, de pronto cambiaron sus servicios; así, restaurantes, cafés, estéticas o cualquier tipo de establecimiento se convirtieron en lugares de ayuda para los brigadistas o voluntarios. El nuevo giro iba desde donar comida, prestar baños, electricidad para cargar baterías de celulares e inclusive brindar terapias psicológicas o masajes terapéuticos.
Nayeli García, quien trabaja en una estética cerca de Álvaro Obregón 286, edificio donde quedaron atrapadas 49 personas, relató a La Nación la mezcla de sentimientos que le causó el hecho de ver el sufrimiento de los familiares de las víctimas, así como el gusto por atestiguar la unidad de los mexicanos, quienes por cientos llegaban con comida, café, dulces e incluso papel de baño para su estética, puesto que prestaron gratuitamente los sanitarios de su local.
“Aquí estamos y aquí estaremos dando lo que más podamos, si se nos acaba el agua, pues por lo menos daremos techo para que descanse la gente”, dijo.
Cabe señalar que las personas, particularmente los familiares de las víctimas, sufrieron las inclemencias del tiempo y pese a la lluvia o granizo, que además dificultó las labores de rescate, permanecían con la esperanza de pronto reencontrarse con su ser querido, lo que no sucedió para la mayoría, ya que lamentablemente y pese a la ayuda internacional -israelíes, estadunidenses, españoles y japoneses- a lo largo de nueve días sólo se rescataron cuerpos.
Por su parte, Claudia, vecina de la colonia, barrió y recogió basura en algunas de las calles afectadas, “no sabía cómo ayudar porque como ves somos muchísimos los voluntarios; a mí me gustaría quitar esas piedras (de un edificio derrumbado) pero no se puede, ni modo, levantando basura también se ayuda, entre todos, poco a poco, saldremos adelante y seguiremos a la espera de los que están atrapados”, compartió.
César Rascón Mendivil, del Consejo Ciudadano, platicó con La Nación sobre el módulo ubicado cerca de Álvaro Obregón 286, el cual brindó atención psicológica y jurídica en temas como patrimonio o documentos que quedaron dentro de los inmuebles desalojados, así como a qué instituciones gubernamentales acudir, además de informar sobre los nombres de las personas que fueron identificadas, a qué hospitales fueron trasladadas o cuales fueron los albergues creados para quienes de un momento a otro se quedaron sin hogar.
“Es impresionante como toda la gente ha salido volcada a querer ayudar en algo, también hay personas preocupadas por alguna réplica y es por ello que damos esa contención psicológica, para eso estamos, para asesorarlos. De verdad es un orgullo ser mexicano”, apuntó.
En las cadenas humanas para pasar víveres o cascajo podía verse a familias enteras, mano a mano, con el Ejército y la policía, demostrando que la suma de esfuerzos da resultados positivos.
De acuerdo con cifras proporcionadas por el gobierno capitalino más de 9 mil inmuebles sufrieron daños, algunos estructurales, por lo que deberán ser demolidos y otros sólo requieren reparaciones como cambio de vidrios. Las delegaciones más afectadas fueron Benito Juárez, Cuauhtémoc y Xochimilco.

Silencio que hay vida

Uno de los símbolos más emotivos y trascendentes fue el puño en alto que daba la instrucción de guardar silencio absoluto para que los rescatistas pudieran escuchar si alguien entre los escombros pedía ayuda o para apoyar a los perros olfateadores en su búsqueda de olor humano.
Los que no dejaron de escuchar el dolor de la tragedia fueron miles de ciudadanos, incluidos extranjeros residentes en la capital, que apoyaron cada quien con su oficio o como podían. De toda la República llegó apoyo moral, donativos en especie o efectivo u oraciones, y buenos deseos.

Jesús Emmanuel

La mañana del 19 de septiembre, Jesús Emmanuel Navarro Gutiérrez, de 33 años, se presentó a trabajar a su oficina ubicada en Álvaro Obregón 286, Colonia Roma. Su edificio fue uno de los que colapsó a consecuencia no sólo del sismo que sacudió la ciudad, sino por presumiblemente corrupción en la construcción.
En Guanajuato, lugar donde viven sus padres y hermano, se enteraron por medio de las noticias de que uno de los edificios derrumbados era donde trabajaba su hijo. Durante esos días los medios de comunicación dedicaron sendos espacios a la cobertura del tema.
Ante la tragedia, su madre, la señora Rocío de los Dolores Gutiérrez García, salió inmediatamente a la capital, arribando a la zona siniestrada acompañada de su esposo y su otro hijo.
A más de 48 horas del terremoto, señalaba a La Nación, “sólo quiero ver a mi hijo, abrazarlo y decirle lo mucho que lo quiero”, hasta ese momento las autoridades le habían asegurado que Emmanuel se encontraba con vida e incluso que le habían dado agua, lo que le ayudaba a mantener la fortaleza.
Por su parte, su marido, Ricardo Navarro, compartió que Humberto Morgan, vocero en ese lugar del gobierno capitalino, le había externado que Emmanuel estaba con vida, “no sé en qué condiciones, pero venimos por él y si Dios quiere nos lo vamos a llevar, nos vamos a regresar juntos”. Lamentablemente sólo se pudieron llevar su cuerpo para darle sepultura.
Las autoridades informaron que Jesús Emmanuel no se encontraba en el edificio como les habían asegurado, sino que yacía en una morgue. Ésta es sólo una de las irregularidades, que ya se cuentan por cientos, tras el mal manejo de las autoridades no sólo mediáticamente, sino en casos particulares como el de esta familia afectada.
En Álvaro Obregón 286 hubo 19 equipos de trabajo profesionales entre los que se encontraban topos mexicanos, así como policías, elementos de la Marina, israelíes, panameños, colombianos y japoneses. El edificio de seis pisos medía 22 por 17 metros y lo que sucedió fue que en un punto del lado derecho se colapsó, “eso se llama un colapso de pastel y lo que se hizo fueron hoyos para accesar con cámaras termográficas que miden la intensidad del calor; si por ejemplo marcan una temperatura de 33 grados significa que hay vida”, explicó Humberto Morgan. De ese lugar solamente 27 personas salieron con vida.
Las historias generadas por este fenómeno natural son incontables, así como las muestras de unión, esperanza y solidaridad que mostró el pueblo mexicano, que aún no paran y se necesitan para la reconstrucción.

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