A México le hace falta Presidente
Publicada el Jue, Abr 23, 2020

Por Alan Ávila Magos.

El coronavirus tocó la puerta de México y cuando menos lo pensamos ya se había metido hasta la cocina. Ante la llegada de este forastero nada deseado, que ha colapsado sistemas de salud, desplomado economías y cobrado miles de víctimas en muchas naciones del mundo, los primeros en reaccionar en nuestro país fueron universidades, la iniciativa privada y algunos gobiernos locales que, en la medida de sus posibilidades, hicieron lo que pudieron, pues aún no existía un trabajo coordinado desde el Ejecutivo federal.

Cuando México rondaba los 300 contagios y se habían confirmado las primeras muertes, la noche del 22 de marzo, el presidente López Obrador compartía un video en sus redes sociales donde decía a los mexicanos que no dejaran de salir de sus casas, que las familias continuaran yendo a los restaurantes y que él avisaría cuando dejarían de hacerlo. No pasó ni una semana, cuando el Presidente cambió de opinión. Y sólo dos días después de la publicación de ese video, la OMS declaró a México en fase 2 de la pandemia.

El gobierno de México seguía brillando por omiso. Con un Presidente ausente en los mensajes importantes relacionados a la contingencia, pero con una intensa agenda visitando los estados y convocando a las masas. Incluso, hasta se dio el lujo de visitar a la mamá de El Chapo en Sinaloa.

A la par, y en un aparente crecimiento moderado en las tendencias de contagio de COVID-19, aparece un extraño brote de contagios de neumonía atípica, emergencia que, con mucha información oculta, parece tener cifras más altas de contagios y muertes que el propio coronavirus.

Ante esta realidad mundial y nacional, el coronavirus llega a México en condiciones poco favorables. Pues, aunque el Presidente diga que nos cayó como anillo al dedo más bien cae como balde de agua helada, como lluvia sobre mojado, pues ante la crisis, no hay plan, no hay pies ni cabeza.

El Presidente decidió el 5 de abril rendir un informe de actividades. El quinto, según su dinámica de supuesta rendición de cuentas, y en una oportunidad histórica de dirigirse al pueblo mexicano para poder dar esperanza, certidumbre y un poco de paz a aquellos que ya cerraron o que cerrarán sus negocios, y que no saben si el cierre será temporal o permanente, a los que perdieron su empleo, a los que viven en la informalidad, a las personas del campo y a los del sector turístico. A todos aquellos patrones que aún y asumiendo su compromiso social, no saben de dónde podrán pagar las nóminas de sus empleados. Porque es innegable que una vez concluyendo la crisis de salud, continuará la crisis económica. De eso, no hay duda.

Hoy en México existen los vulnerables por su estado de salud y los vulnerables por su condición económica. En muchos de los casos, estos escenarios se conjugan en la misma persona. Y ante esta muy dolorosa situación, continuarán los trabajos de los poco urgentes proyectos faraónicos del Presidente: Refinería de Dos Bocas, Aeropuerto Santa Lucía y Tren Maya. El Presidente vive en su propia realidad, una realidad que está muy lejana de ser la vida cotidiana de los mexicanos de a pie, los que mueven la economía de este país, los que generan empleos, los que trabajan largas jornadas para poder llevar sustento a los hogares.

El COVID-19 nos cayó como anillo al dedo a los mexicanos, para darnos cuenta de lo que venía siendo evidente: estamos solos. Con el Presidente no contamos. El 5 de abril pasará a la historia como aquél día en el que quedó claro que para México la amenaza no fue el virus, ni la inestabilidad económica. La amenaza más grande ante esta crisis es el ego, la soberbia, la terquedad y la incapacidad de Andrés Manuel. A México le hace falta Presidente.

 

Alan D. Ávila Magos es Secretario Nacional de Acción Juvenil.

Twitter: @AlanAvilaMagos

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